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Crítica de Una segunda oportunidad (En chance til)

Hay veces en que no queda del todo claro que algo falle en una película. Simplemente, se crea una discordancia entre ella y el espectador, quizá porque el segundo esperara un tono distinto de la primera, y puede que con razón. Claro, sólo alguien que esté por encima del director tiene galones suficientes como para reprocharle un acercamiento erróneo, por lo que Dios me libre de decirle a Susanne Bier que a Una segunda oportunidad le hubieran sentado divinamente uno o dos brochazos más de humor negro, en lugar de buscar el drama profundo y demoledor con el que se obsesiona en (casi) todo momento. Porque conforme pasan los minutos, uno se descubre más veces recordando  Arizona Baby que sintiendo en sus propias carnes la pesadilla por la que pasa Nikolaj Coster-Waldau cuando toma la decisión que toma, después de pasarle lo que le pasa. Supongo que mejor será no desvelar nada del argumento, baste con decir que la tragedia es de aúpa y así nos lo hace saber la de En un mundo mejor, precediéndola además de otro par de situaciones-denuncia aprensivas que durante el primer arco dificultan la labor de saber cómo empatizar con el film. Sí, se supone que toca fruncir el ceño y contener la respiración… pero es que su guion parece digno de (y ojo, no tendría por qué ser necesariamente negativo) comedia negra. Y burra.

Ese es el problema: no son pocas las situaciones, a lo largo del visionado, que siembran dudas: ¿debe uno reírse, que es lo que le pide el cuerpo, o llorar, que es lo que pretende Bier? El estilo que aplica la danesa (impecable, ojo) es totalmente conductivista a nivel emocional: la cámara, frenética y siempre cercana a los personajes, y un montaje plagado de cortes, se suman a interpretaciones teóricamente llevadas al extremo (todo llantos y gritos) como extremos son sus personajes, con el fin de incomodar al espectador; ¡que se le escape un suspiro al vidente, cuando la tragedia asoma! Sin embargo, el guion va virando hacia lo inverosímil con tal ahínco como para que fracase todo intebto de ser tomado en serio: cae directamente en el ridículo en alguna ocasión, máxime al lanzar el no va más con una conclusión que de tanto rizar el rizo tiene todas las papeletas para ganarse el rechazo inmediato de la platea.

Nada hubiera pasado con un punto más de despreocupación. Una segunda oportunidad podía haber torcido hacia Very Bad Things igual que al thriller nórdico (hasta cuenta con Nikolaj Lie Kaas –Los casos del departamento Q– y Ulrich Thomsen en roles secundarios)… quizá incluso esta segunda vía hubiese sido la más conveniente con un actor como Jaime Lannister, esforzado pero poco expresivo. Pero no, opta por la trascendencia, por la denuncia y la penumbra emocional, y se hace flaco favor a sí misma.

Entretenida sigue siendo, y formalmente poco se le puede reprochar. Pero esto suena más a ocasión perdida que a otra cosa. Ya digo, falta de concordancia a un lado y otro de la pantalla.
5/10

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