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Crítica de Verano del 85

Un festival de San Sebastián sin película de Ozon es como un kínder sin sorpresa. El director francés es su ojito derecho y este año volvió a colarse en la sección oficial del festival vasco con Verano del 85. Se trata de un drama coming of age adolescente ambientado en los 80, con el habitual mix entre lo macabro y lo sensual. La fugaz llama de un primer amor abocado a un sino fatalista.

Los criminalmente jóvenes Alex y David disfrutan de un verano en la costa de Normandía. Suena The Cure, las noches están llenas de neones y los días se funden entre viajes en motocicleta y salidas al mar. Todo es perfecto en este sueño de libertad que curiosamente arranca con la advertencia de que todo termina en desesperación y muerte. “Live fast, die young” pasado al francés por el traductor de Google. La película se recrea en su primer y dulce arco. La inocencia de Alex choca con la arrolladora calidez de David. Verano del 85 empieza como una película de amor entre sus dos protagonistas para crecer a algo diferente.

A medida que la trama avanza vamos descifrando las verdaderas intenciones de Ozon en su fragmentada narrativa. El amor deja paso al dolor, el duelo e incluso la reinterpretación de los recuerdos. Este giro puede resultar engañoso para el espectador sugestionado por la misma voz en off de la película. No estamos ante un thriller pasional si no ante una introspección a la psique adolescente y a la romantización caníbal de las relaciones. El cambio de prisma tarda en asentarse quizás por los saltos temporales que no favorecen la honestidad del relato. Igualmente es de admirar que no se pierda la frescura juvenil en el segmento menos lúdico. Se nota que estamos ante un director de gran recorrido y que esta vez se permita un vertido sin control de sus filias personales. La belleza de sus dos protagonistas es la herramienta que mejor funciona frente a la cámara. No se trata de grandes intérpretes pero cumplen su función ante el caprichoso ojo detrás de la lente. Mucho más remarcable es la construcción de dos figuras maternas opuestas en su cuidado. La efervescencia cosmopolita de la madre de David en comparación con la infantil cautela de la madre de Alex.

Hay que reconocer que Verano del 85 no es una película particularmente rompedora o arriesgada. Su tono y forma recorre numerosos lugares comunes pero tiene momentos efectivos (la discoteca o la morgue) que pasado sus créditos finales se enriquecen en el recuerdo. Probablemente se considere una película menor en la filmografía del realizador galo pero eso no significa que sea un mal trabajo. Existe un encanto muy particular en el juego que se consigue y su ensoñación de veranos perfectos que construye nuestro subconsciente.

Trailer de Verano del 85

Reseña de Verano del 85
  • Iñaki Arriaga
3.5

Verano del 85 en pocas palabras

Adolescentes guapos, enamorados y abocados al fracaso. Un sueño de verano perfecto que esconde una macabra e introspectiva relectura. Ozon entregado a sus filias.

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