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Crítica de Wonder Woman 1984

Empiezo a darle forma a una teoría que se me ocurría mientras atendía, atónito, al visionado de Wonder Woman 1984. Y es que la idea de ambientarla en los 80 vino después. Vino cuando alguien ajeno a la producción del film se leyó el guion y pensó en varias cosas: la primera, que ya era demasiado tarde para prenderle fuego y empezar de cero. La segunda, que la trama sonaba a bastante desfasada, tanto como el desarrollo de la misma. La tercera y peor de todas, que los valores que saca a relucir la película de Patty Jenkins no pueden ser tomados en serio en aras de empezar el año 2021. Así que pensaría, esa persona que leyó el guion, que a lo mejor colaba decir que no es que la película vomite caspa por cada uno de sus poros, es que es de las de antes. Y por lo visto se la coló a Warner Bros, que estrena una nueva intentona del universo DC por dignificar el cotarro, fallando estrepitosamente, como de costumbre. Y se veía venir: poco antes del estreno, la Jenkins se marcaba unos Snyders diciendo que como directora del miserable díptico Wonder Woman, no había tenido poder de decisión, que le han cambiado su trabajo, que no la dejaron hacer… ya, la cantinela nos la sabemos de memoria.

Al final quien paga los platos rotos somos nosotros, que seguimos cayendo en la máquina de hacer dinero que peores resultados ha dado desde que se tiene uso de razón. Como estrategia de marketing, inapelable. Pero ¿qué ha salido bueno de la saga DCU? ¿Acaso Shazam, que la toca de refilón? Warner sigue queriendo acercarse al éxito de Disney y Los Vengadores, pero sigue en la dirección diametralmente opuesta a la que debería emprender. Y que pasa, a estas alturas, por echar a todo el equipo creativo y empezar a forjar una nueva personalidad de cero. Borrón y cuenta nueva porque ahora, lo que hay es un triste quiero y no puedo tras otro.

Wonder Woman 1984 vuelve a intentar plagiar tono, ritmo y humor de Marvel, pero manteniendo a la vez el roñoso empaque visual de Snyder y Syner-wannabes. Lo que resulta en una película que quiere ser graciosa y no puede; que quiere ser humana y no logra generar empatía en ningún momento; que quiere ser visualmente resultona pero arrastra demasiados recursos y caprichos que se lo impiden. Y que quiere parecer fresca pero presenta una estructura previsible hasta la vergüenza (primeros 10 minutos con escena de acción random, salto en el tiempo y presentación del malo…), y un ritmo agotado, que no agotador. Ni siquiera el último comodín, la carta fácil de la nostalgia, acaba de funcionar más allá de lo que decía al principio: no es que Wonder Woman 1984 consiga remitirnos a esa época, es que parece sacada de la misma, por desfasada (claro que esa carta, si mi teoría es cierta, ha sido añadida a última hora gracias a quien leyó el guion).

Y aquí volvemos a caer en el error de la primera entrega, estrenada hace tres años, y que se deriva de los valores que transmite el personaje femenino por excelencia de DC. De entrada, una vez más Wonder Woman se descubre como uno de los personajes con menor chicha de los que pululan en pantalla. Parece que todos los esfuerzos de los guionistas hayan recaído en describir al malo, varón (Pedro Pascal). Que todos los gags (con independencia de su éxito: nulo en la inmensa mayoría) se hayan reservado para el novio, varón (Chris Pine). Y que todo el carisma se lo lleve Kristen Wiig, mujer, pero que por un lado es una actriz infinitamente más carismática que Gal Gadot, pero a la que también se le han dedicado mayores esfuerzos. Pero claro, porque es el único personaje femenino negativo de la película. Primera ceja levantada.

Segunda: todo empieza a torcerse cuando Wiig le dice a Gadot que le encantaría ser ella, por lo sexy que es. A lo que Wonder Woman le responde que no se crea, que su vida tampoco ha sido tan fácil. Wiig: ¿has estado enamorada? Gadot: ay, sí, ¿tú? …Así que tenemos a una mujer que envidia a otra por, básicamente, estar más buena y (se dice también en la película) caminar mejor con tacones. Y a otra que es inmortal, que tiene superpoderes y sobre quien recae la responsabilidad de salvar al mundo, que se queja de que su vida es complicada por el amor de un chico. Mal vamos. Normal que luego todo gire en torno a una piedra mágica que concede deseos y que el hombre (Pascal), con sus artes de seducción logra robarle a la mujer, una Wiig ahora mucho más sexy (sic) ya que se ha cumplido su deseo y, por tanto, ha hecho realidad sus sueños: acostarse con el tío que le gusta. Y claro, como es rubia y tonta, ha sido engatusada y el tío, que es un cabrón pero súper inteligente y con buenos valores, le ha robado la piedra. A estas alturas, dan ganas de levantarse y marcharse de la sala, y sólo llevamos treinta minutos. Todavía quedan dos horas más.

Dos horas y treinta y un minutos es lo que dura este casposo, contraproducente, apático y a la postre, aburrido espectáculo, que llega cuarenta años tarde. Wonder Woman 1984 sigue siendo una alarmante demostración de que la táctica del plagio marvelita pero en tonos épico-oscuretes porque Nolan lo hizo en su día, no funciona. Sigue siendo una deprimente confirmación de que cierta gente tiene demasiado poder en el mundo del cine y, a la postre, impide que el séptimo arte avance: esta película sigue creyendo que el espectador va a flipar con cuatro efectos especiales, pues en DC aún no han entendido que a estas alturas, lo que importa es que lo digital esté al servicio de la trama y no al revés (el momento en el que un avión se torna invisible y surca los cielos en medio de fuegos artificiales es otro de aquellos para enmarcar…). Y ojo, que tampoco es que sean nada del otro mundo: su teórico momento más climático recuerda a Cats, y no precisamente a la versión 2.0 que Tom Hooper estrenó después de que se le echaran al cuello por sus pésimos efectos. Dos horas y treinta y un minutos.

Peor que todo esto, a juicio de quien esto escribe al menos, son los altamente cuestionables valores que se gasta. En un año especialmente prometedor en cuanto a empoderamiento femenino en el cine, parecía incluso poético que la traca final la condujera la superheroína definitiva. Sin embargo, a la postre Wonder Woman 1984 ha sido un paso atrás. Otra muestra más de ese cine que no es necesario, un tiro en el pie que no se maquilla con cuatro escenitas que parecen añadidas a última hora, en las que Gadot camina y a su paso se oyen piropos de hombres. No sirve de nada si, luego, va a quedar todo en un «la cosa se lía porque la rubia tonta consigue hacerse pasar por pibón y tirarse a un tío bueno que la tima». Joder, si es que más que una película sobre la respuesta femenina a Superman, esto parece un episodio de Bea la fea.

De verdad, gerifaltes de la Warner, la revolución empieza por cargarse a todo el equipo que lleva ya demasiados años tras el proyecto cinematográfico DCU (y si esto supone llevarse por el camino a Gal Gadot y ponerle una cara nueva, a ser posible más expresiva, a la Mujer Maravilla, so be it). Ya tardáis.

Trailer de Wonder Woman 1984

Reseña de Wonder Woman 1984
  • Carlos Giacomelli
1

Por qué no recomendamos Wonder Woman 1984

Vergonzoso espectáculo de caspa y valores cuestionables que, además de moralmente dañino, y apático y previsible, dura dos horas y media. Todo mal, literalmente.

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