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Crítica de X

De Ti West ya sabíamos que, a atmósferas y a copias homenajes a clásicos del terror le gana poca gente. Su filmografía está trufada de guiños al giallo, al horror gothic, al slasher, incluso al found footage. Y siempre con recursos formales interesantes, y demostrando ser alumno aventajado de Tarantino, con mayores galones que, no sé, Robert Rodriguez. Su último trabajo hasta la fecha, X, no podía ser menos. A nivel formal confirma todo lo dicho hasta ahora, y me atrevería a decir que incluso se sitúa en posiciones destacadas en lo que a Película Bien Hecha del Año se refiere. Limitándonos, insisto, a lo puramente formal, la propuesta de West es, sin ir más lejos, superior a muchas de las que se contaban entre las triunfadoras de la pasada ceremonia de los Oscars. Y como homenaje setentero que es (y recurriendo a tretas audiovisuales similares), exponencialmente superior a todo un Adam McKay y su serie Tiempo de victoria. De un tiempo a esta parte, el cine de género se ha convertido en un lugar de expresión cinematográfica excelente, pero pese a ello, son pocas las películas que acaban llamando la atención algo más masiva: la calidad artística es inversamente proporcional a su repercusión en la mayoría de ocasiones, y eso se debe a la sempiterna barrera inicial del «a mí es que el cine de terror no me gusta» o el «cómo puedes tomarte en serio el gore».

Para intentar esquivar tan trasnochado sambenito, Ti West se marca un mashup que hace palidecer a las serpientes y los aviones: mezcla el terror con el porno, en un combinado que tan cerca está de La matanza de Texas como de Torremolinos 73. Así, la atmósfera y el (ejem) toque West, ocupan de X una primera mitad que centra su atención en un equipo de cineastas porno que, en el año 1979, alquila durante unos días la casa de una pareja de ancianos de las profundidades de Texas, para usarla como set de rodaje. Música atmosférica, planos malrolleros y contención por bandera, en la que, ojo, parece ser muestrario también de la otra cara del director de La casa del diablo: su incapacidad de entretener. Y es que si saca matrícula de honor en el cómo, pocas veces ha conseguido Ti West que el espectador empatice lo más mínimo con el qué, asignatura pendiente que aquí contrarresta con esa jugada maestra de… bueno, de tirar de porno.

Así, este enésimo ejemplo de terror expectante (aka no pasa mucho nada) tan habitual en su filmografía, encuentra un aliado perfecto en este juego de cine (X) dentro de cine, autoconsciente y autoparódico, con reparto sexy y casi siempre en cueros, y clichés que de tan pasados de frenada, acaban cayendo en gracia. O quizá sea gracias al propio reparto en sí (con la ascendente Jenna Ortega y una Mia Goth por delirante partida doble, entre otros) sorprendentemente por encima de la media de esta clase de producciones. Sea como sea, la primera mitad se antoja juguetona y adictiva, sin violar el estilo de su responsable pero ofreciendo infinidad de detalles para el jolgorio de la platea: desde la camioneta hippie en la que va el equipo de rodaje, al director que sueña con hacer una obra maestra X (¿es acaso esta la Boogie Nights de Ti West?), pasando por la casa en la que ocurre la acción (tan reconocible), por su infinidad de guiños a grandes clásicos, o… esa primera escena en el lago. ¿Algo que llevarse al apartado neuronal? No mucho, pero shhh, tú come palomitas y disfruta del espectáculo, que lo mejor está por llegar.

Y lo mejor es una segunda parte en la que el homenaje a La matanza de Texas se abre paso en forma de sanguinario slasher muy generoso en gore explícito para carcajada del respetable, mientras se desarrolla una trama que se olvida del porno aunque no de desarrollar a un personaje que no debería tardar mucho en convertirse en un héroe del terror tan icónico como Leatherface, Jason Voorhees o Michael Meyers. Hasta aquí voy a leer, y creedme si os digo que mejor que no investiguéis mucho más en las redes. Entretenimiento, pues, check. Sorpresa para casi todo el mundo, y digo casi porque X viene con el sello de calidad de la infalible distribuidora A24, y ya se sabe que si el río suena, por algo será.

Lo que sigue echándose en falta, aunque quizá tampoco sea lícito exigírselo, es algo más de chicha. Entretenga más o menos; mezcle atinadamente desnudos con gore; sea un nuevo dechado de técnica… al final X acaba quedando en un exploit sin más, alejado de ser una de esas revoluciones tan necesitadas por el género, como las que sí buscan otras propuestas de la propia A24 (por pequeñas que puedan ser a veces). El de Ti West es un ejercicio de estilo y de remembranza, con suficientes aptitudes como para ser un nuevo hito incontestable del terror moderno; pero no lo será, por su falta de novedad y riesgo. Es una más. Graciosa y salvaje; lo mejor de la filmografía de Ti West. Pero una más. Y como tal, su valor alimenticio es nulo y su fecha de caducidad está a la vuelta de la esquina. Pero en fin, a nadie le amarga un dulce.

Trailer de X

X: Ti West se (y nos) entretiene
  • Carlos Giacomelli
3

Por qué ver X

Ti West sigue a lo suyo, demostrando que es el mejor revisionista del cine de terror. Lo que cambia en relación al resto de su filmografía, es que en esta ocasión consigue satisfacer por igual tanto a amantes de lo recreacionista como a quienes vamos al cine esperando, también, entretenernos.

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