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Crítica de Yo soy Dolemite

De un tiempo a esta parte, Eddie Murphy ha decidido dignificar su carrera, perdida entre una cantidad de basura tal como para ponérselo extremadamente difícil incluso a sus mayores defensores. Con Yo soy Dolemite, quiere demostrar que aún sabe actuar, que puede cargar con el peso de una película (que sea algo más que una idiotez directa a los Razzies) y, ojo, que puede seguir colando alguna de sus marcas de la casa sin que el proyecto se vea perjudicado. Claro, que para que todo llegue a buen puerto, el proyecto tiene que ser lo suficientemente potente.

Yo soy Dolemite retrata, con Rudy Ray Moore (Murphy) en su epicentro, una época, para el espectador actual,  estimulante como pocas: la década de los 70, con una Los Ángeles en plena ebullición, y con un subgénero cinematográfico (fenómeno más bien), el blaxsploitation, empapado carga social pero, sobre todo, con el molómetro por las nubes. Y es que se nos cuenta la historia de Rudy y sus intentonas para triunfar en diversas artes, cayendo finalmente en la creación de películas. 

Craig Brewer (Black Snake Moan) juega sin demasiado reparo la carta de la magistral serie The Deuce, incluyendo además constantes guiños cómplices al espectador, metalenguaje por un tubo, y cameos de calibre importante. Y así, su propuesta acaba convirtiéndose en un fresco de personalidad y ritmos vibrantes… aunque más por el envoltorio, que por un guión que en verdad acaba demostrando no estar a la altura de las circunstancias.

Previsibilidad y falta de profundidad acaban siendo los invitados inesperados a una fiesta que de lo contrario hubiera sido redonda. A lo mejor el problema reside en que sus guionistas, el tándem formado por Scott Alexander y Larry Karaszewski,  ya está acostumbrado a que sus biopics reguleros sean salvados por motivos ajenos: El escándalo de Larry Flynt, Ed Wood, Man on the Moon no han pasado a la historia por sus guiones precisamente, de la misma manera que no lo hará Yo soy Dolemite, al antojarse como un superficial y simplón seguimiento lineal de acontecimientos sin demasiada chicha ni complicaciones. Al final, el personaje de Murphy tampoco es que deba enfrentarse a ninguna situación especialmente límite, siquiera.

Si lo hace, si la película trasciende, será por la personalidad que justamente él, el actor de El profesor chiflado, es capaz de insuflar a una película a la que se le coge cariño en seguida y que, contra todo pronóstico, se acaba consumiendo a las mil maravillas. Cine dentro de cine, rap, chistes malsonantes, escenas subidas de tono y algo de caspa van zigzagueando en la vida de un soñador que la sigue y la sigue hasta que la consigue, dejando por el camino alguna que otra lección vital (sin por ello tener demasiado interés por el adoctrinamiento almibarado). Que todo ello se enmarque en una película que hemos visto ya tropecientas veces es un revés inesperado y que pasa factura, pero en peores plazas hemos toreado, la verdad.

Trailer de Yo soy Dolemite

Valoración de La Casa
  • Carlos Giacomelli
3.5

En pocas palabras

Biopic vulgar y corriente que encuentra en un recuperado Eddie Murphy un inesperado extra de vitalidad, consiguiendo enganchar a las mil maravillas.

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