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Especial Charles Chaplin: Tiempos modernos, El gran dictador y Candilejas

Aún con dudas sobre la penetración del formato, tenemos que ir mentalizándonos poco a poco de que el soporte BluRay debe ir cubriendo todos los huecos de la cinefilia doméstica como, con los años, ha ido haciendo el DVD, a pesar de las profundas carencias que aún ostentan algunas cinematografías. Completistas y rigurosos del HD agradecerán esto, la reproducción del material cada día tiene que tender más a la excelencia y la cantidad de catálogos disponibles debe ser progresivamente más amplia. Así que no, bajo prismas prácticos y económicos no era estrictamente necesario editar en BluRay estos tres clásicos absolutos de la factoría Chaplin. Máxime después de las fabulosas ediciones que conocieron hace unos años en DVD. Una paleta que cubrió los títulos más imprescindibles del británico a partir de unas ediciones ofrecidas por Mk2 Éditions y literalmente atiborradas de extras. No sé en la vuestra, pero en mi DVDteca ocupan un lugar priviliegiado.

Pero. De nuevo, hay que buscar la alta definición. Y pocos extras suplirán la experiencia de gozar de Tiempos modernos, El gran dictador y Candilejas con una calidad de imagen y audio como la que ahora está en disposición de ofrecernos Emon tras haber comercializado hace unos años estos mismos títulos. Las tres películas a partir de los mismos materiales ofrecidos por Mk2 solo que, como decimos, despojadas de cualquier tipo de material adicional, más allá de la obvia banda de sonido doblada y la original con subtítulos.

Poco se puede decir ya de las películas en sí. Tres momentos clave en la historia del director y del cine de la primera mitad del siglo XX. Tres documentos que testimonian la cuasi-cumbre de Chaplin en el largo mudo (o no tan mudo…), la máxima expresión del cine con carga política jamás rodado en inglés y la más emotiva reflexión sobre la vejez y el mundo del espectáculo. Una Tiempos modernos (1936) que se presentaba como una poderosa fábula (casi una distopía) sobre precisamente eso, una época en que la sociedad avanzaba a pasos agigantados hacia el reconocimiento de las libertades y paralelamente el sistema quedaba atorado, sus enormes ruedas dentadas encalladas por el pobre trabajador. Un trabajador, interpretado por Chaplin en su última encarnación como mítico vagabundo, que era víctima de un modus operandi capitalista azuzado por la dureza social de un país en plena Depresión.

Más El gran dictador (1940), agria y directa crítica hacia los sistemas totalitarios y befa indisimulada del nazismo donde Paulette Goddard repetía con el realizador que, en esta ocasión, se desdoblaba a si mismo para interpretar a un barbero judío confundido con un dictador de asombroso parecido y viceversa. Aún hoy, El gran dictador permanece como una obra intocable que logra trascender el Conflicto hacia los terrenos de la caricatura sin perder efectividad y punch y se mantiene inmarchita en su capacidad para retratar con mala baba y muchísimo humor el auge fascista en la Europa de los años 30 y 40.

Y Candilejas (1952), intenso melodrama donde el director puso en juego un complejo sistema emotivo basado en la convivencia sentimental de lo cómico y lo dramático, en una propuesta que iba más allá de sus propias limitaciones de representación: Chaplin y Buster Keaton trasladaban a la pantalla el ocaso del actor cómico mediante uno de los números más profundamente melancólicos que dio jamás el slapstick… o lo que pudiera quedar de ello en los años 50. Un melodrama ejemplar que, aun poco reconocido como influencia directa, sentó muchas bases de cara la evolución del género.

Tres títulos, en fin, a los que el calificativo de imprescindibles no hace justicia y que se han convertido, cada una a su manera, en tres puntos inevitables en la carrera emotiva de cualquier cinéfilo. Y por extensión, tres ediciones que podrían haber llegado más mullidas en cuestión de acompañamientos explicativos, pero que se justifican a sí mismas como modelo de restauración y disfrute digital del arte con mayúsculas. Y mucho ojo que viene más: Emon editará en breve El chico y La quimera del oro. En cuanto se edite en este formato la mejor película que rodó Chaplin en toda su carrera, Luces de la ciudad, y otra de sus cumbres, Monsieur Verdoux, la felicidad cinéfila alcanzará su cenit.

 

Una de las escenas más míticas de Tiempos modernos

 

 

1 comentario
  1. Anónimo Dice:

    A pocos les va a importar, pero de ahora en adelante he decidido incluir este texto:

    El comentario de ahí arriba ha sido eliminado por nosotros. Era un spam publicitario de HBO Max, filial sudamericana de la cadena de pago norteamericana.
    Nos hemos intentado poner en contacto con ellos directamente para pedirles que cejen en su práctica de comentarios basura, pero no ha habido manera. Y puesto que ya les advertimos, declaramos desde aquí nuestra repulsa total hacia el canal y sus estratagemas publicitarias.
    Servirá de poco, pero llamamos al boicot hacia la cadena entre nuestros amigos de América latina.
    Haced lo que queráis, pero por nosotros ya sabéis.

    Gracias, y disculpad las molestias, lectores, que vosotros sois los que menos culpa tenéis

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