El rostro de un ángel: Crítica (The Face of an Angel)

El rostro de un ángel

Director prolífico como pocos, Michael Winterbottom desata a cada estreno suyo, el mismo contraste de opiniones que cualquier otro cineasta dado a la adicción al trabajo. Rara es la vez que él, Allen o Miike (por ejemplo) consiguen el consenso en positivo, entre otras cosas porque a ritmos altos se corresponden presupuestos ajustados y producciones sencillas, así que o se es muy brillante desde el libreto… o ya habrá otra oportunidad en pocos meses. Ahora bien, es cosa mía, ¿o se ha instaurado ya una tendencia a la baja por parte de la opinión pública pero, sobre todo, crítica? Ocurre con El rostro de un ángel, meta-thriller vapuleado por propios y extraños, quizá lejos de los ejemplos más brillantes del responsable de 24 Hour Party People, pero con más ambiciones de lo que parece. Daniel Brühl hace aquí las veces de cineasta en busca de su estela, perdida a raíz de un proyecto anterior que no salió bien. Para ello, quiere adaptar para la gran pantalla los hechos (reales, por cierto) que rodearon el brutal asesinato de una estudiante norteamericana en Siena; hechos de los se habla aún en las noticias (el caso está a punto de ser resuelto por la vía penal) y a los que presta especial atención una reportera y escritora, Kate Beckinsale. Las cosas se complican cuando el director se plantea la versión oficial y empieza una investigación por cuenta, para la que por cierto necesita ser guiado por la ciudad por una extranjera afincada en ella, atractiva joven que trabaja de camarera nocturna (y tiene las facciones de Cara Delevingne).

Arranca así un descenso a los infiernos por parte de un hombre que en medio del camino de su vida se encuentra en un oscuro bosque, ya que la vía recta estaba perdida (la referencia a Dante, amén de evidente, se explicita en el film). Necesita esta investigación por varios motivos, además de los laborales: está en ese momento vital de búsqueda de sentido, hay una parte de expiación, y otra de creencia en uno mismo. Brühl es un personaje roto, a quien conforme avanzan los minutos le vamos descubriendo más carencias a resolver. Pero también es un haz de luz de justicia en un mundo viciado por la mentira. De ahí su lucha contra viento y marea, en una película que acaba pasando rápidamente del whodunit al hombre vampirizado por su búsqueda obsesiva. Como el propio Alighieri, capaz de bajar hasta lo más profundo del infierno, cruzar el limbo y llegar a ver a Dios aun después de haber logrado su objetivo inicial: encontrar a Beatriz, nombre también de la hija del protagonista del film, a la que volverá a ver cuando su trabajo en Italia haya concluido. El paralelismo entre El rostro de un ángel y la Divina comedia no es que sea de lo más innovador, claro está, pero lo interesante es el juego que plantea Winterbottom con el que establece también con la anterior Vita nuova, del autor de Florencia. Obra que ya hablaba de su malograda amada, aunque no directamente puesto que en ella el poeta afirmaba que no lo haría hasta no estar totalmente preparado.

El rostro de un ángel

Personajes distintos, Dante y el de Brühl (¡también lo son Virgilio y Derevingne!), unidos por la obsesión de llevar a cabo su trabajo hasta la última consecuencia, por mucho que este pueda empezar a carecer de sentido y la tarea difícil sea saber decir basta. El rostro de un ángel tiene una puesta en marcha casi onírica, la belleza del lugar sólo se trunca por la investigación del asesinato; pero para remarcar la degradación paulatina de su personaje principal y la creciente dificultad de su tarea, Winterbottom va torciendo poco a poco hacia la pesadilla pura y dura: planos inclinados, fotografía en progresivo enrarecimiento, ensoñaciones dantescas (valga la redundancia) y perversiones y adicciones se adueñan del film al tiempo que la trama detectivesca va careciendo de sentido: ya os lo decíamos, que a la postre, la película no iba de descubrir quién hizo qué. Uno de los personajes llega a reconocer a medias del segundo acto que quizá el caso no pueda resolverse nunca, pues lo que importa (marchando otro dardo envenenado de Winterbottom) es el morbo.

Seguramente la ruptura con el esquema policíaco clásico, el estudio introspectivo y un final necesitado de alguna vuelta a posteriori puedan enervar a más de uno. Pero tampoco se puede negar que El rostro de un ángel se descubra ambiciosa y original, si no en lo formal, cuanto menos en su planteamiento. Medios limitados y tiempos justos evitan que sea una obra maestra, pero tiene algo que decir. Y eso se agradece.

6,5/10

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