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Entrevista a Bárbara Goenaga, protagonista de Agnosia

Radiante y embarazadísima, Bárbara Goenaga nos concedió una entrevista con motivo de la película que ella protagoniza, Agnosia. A sus 27 años, la actriz vive un momento dulce en su carrera, y se siente orgullosa de haber podido trabajar con un buen puñado de directores-promesa a los que ahora se suma Eugenio Mira.

De la mano de la encantadora donostiarra, descubrimos algunos secretos más sobre el film que se estrena el próximo viernes en toda España, y que ha cosechado opiniones dispares en la presente edición del festival de cine fantástico de Sitges.

La Casa: Debido a la enfermedad de la agnosia, el personaje de Joana es muy complicado. ¿Qué supone para ti hacer este papel?

Bárbara Goenaga: Es de ese tipo de papeles que nunca imaginas, porque siempre tiendes a pensar en el típico personaje bombón, por así decirlo, y jamás crees que te vaya a tocar la suerte de hacer un personaje así. Es que Joana lo tenía todo. Y ante todo, requería de mucha responsabilidad, ya que estamos hablando de una enfermedad que existe y que por consiguiente quieres hacer lo más real posible. Ahora bien, luego esa realidad tienes que acoplarla al cine, que no es fácil: hay miradas que no se entienden en pantalla, miradas de los agnósicos que no comprenderá el público y que quedan feas. Así que también hubo que hacer ciertos ajustes hasta conseguir que la agnosia formara parte de la película sin ser la protagonista.

L.C.: Imagino que lo más difícil para ti como actriz haya sido simular las dificultades de visión de Joana…

B.G.: Claro, es que hay que recordar que la agnosia supone que tú lo veas todo perfectamente, pero lo que te llega al cerebro tiene que ser racionalizado, porque no sabes lo que es. Te tienes que decir que esto será un teléfono porque es cuadrado, tiene la pantalla suave, y plana. Así que supones que es un móvil, pero no puedes asegurarlo porque no sabes lo que estás viendo. Creo que sí que fue lo más difícil, porque hubo muchas secuencias en que iba andando, tocaba sin querer algo y ya no lo podía dejar ahí sin más. Si tocaba algo, tenía que tenerlo presente todo el rato (ya que teóricamente no lo reconocía) para que luego el personaje tuviera una coherencia. Aunque a lo mejor luego no se percibe en la película, ya que son detalles muy pequeños.

L.C.: Y el hecho de estar ambientada a finales del siglo XIX, ¿te supuso alguna dificultad añadida?

B.G.: No… porque es verdad que ayuda mucho el vestuario: ¡te ponen un corsé! Claro, ir con esa prenda puesta desde las ocho de la mañana ya te hace caminar distinto, sentarte distinto. Éste fue sólo uno de los muchos elementos que me ayudaron con el personaje. Además, estaba la agnosia, que implicaba un trabajo realmente muy físico… Cuando hay tanto parche, tantas cosas que le son impuestas al personaje, es más fácil hacerse con él ya que tienes la mitad del trabajo hecho.

L.C.: Además, la película parece estar absolutamente cuidada, por lo que intuyo que el director os tenía controlados hasta el más mínimo detalle ¿Cómo fue trabajar con Eugenio Mira?

B.G.: Una pasada, ha sido una gozada, de verdad. Yo lo he disfrutado muchísimo, ya que trabajar con Eugenio ha sido como estar al lado de una persona a quien conozco de toda la vida. De hecho, ya le conocía por ser el compositor de la banda sonora de Los cronocrímenes. Él se encarga de hacer la música, el montaje, y además te ayuda bastante: está en todo el proyecto, de principio al fin, y además en el caso de Agnosia ya tenía la película montada en su cabeza. En definitiva, era llegar al rodaje y ver a un director con tanto entusiasmo, que sabe tanto de cine y tiene tan claro lo que quiere hacer con su película (tan particular y tan suya), que yo me dejé llevar por él. Además, es un tío muy divertido, cosa que ayuda mucho ya que hace que el equipo esté en la misma onda, que trabajen a un mismo ritmo.

L.C.: Pero algo de ese mimo, ese tenerlo todo estudiado al detalle, debió notarse…

B.G.: Si, si, estaba todo milimetrado… era algo esencial. Cuando ves una secuencia en el combo, normalmente ves lo que puede sólo una pista de lo que puede acabar siendo, porque está sin editar, sin corregir la luz… Pero esta película no fue así. Recuerdo que una vez vi una toma, una toma cualquiera muy poco trascendente, y de pronto veía una luz y un cuadro que ya era de cine, pese a no haber pasado ningún filtro ni haber retocado ni montado nada. Se lo trabajaron muchísimo, y eso se nota un montón. Desde muchos meses antes, no sé si incluso un año antes de empezar el rodaje, ya lo planificaban todo, el director de fotografía ya sabía qué iluminación requeriría, etcétera. Eugenio, Javier Alvariño y Unax Mendía [director, diseño de producción y director de fotografía respectivamente] formaron un equipo increíble, y yo creo que ha dado resultados.

L.C.: Uno de los aspectos clave del film es el triángulo entre Joana y los personajes de Eduardo Noriega y Félix Gómez, tan parecidos como para ser confundidos ¿Llegaste tú también a confundilos?

B.G.: [Risas] Sí, sí, en el momento en que daban acción, yo los confundía. Era mi papel y yo estaba muy metida en ello, así que la verdad es que si que me pasaba. Creo que hay momentos muy logrados en Agnosia a raíz de este juego de personalidades. Antes nunca hubiera dicho que Eduardo y Félix se pareciesen, pero de pronto entre las gafitas, el peinado y el bigote, y con los gestos que se imitaban el uno al otro… Pese a todo, la verdad es que ensayamos muchas veces cada secuencia, de manera que quedase muy claro en cada momento dónde estaba Joana y qué sentía. Hay un punto de inflexión en la película, marcado por la aparición de la crisálida, pero tampoco en aquél momento me costó demasiado hacerme con ello: aunque parezca lo contrario, estaba todo muy ensayado, y no tuve problema en verlos como una misma persona cuando la ocasión lo requería. Si Joana los confundía, entonces yo los confundía también, absolutamente.

L.C.: ¿Qué esperas de la proyección en Sitges de la película?

B.G.: No lo sé. Yo espero ver una peli (de hecho, tengo esa certeza) que te lleve a un universo muy particular, que considero que está muy bien creado. Esa luz, esa Barcelona oscura, esos callejones, ese mundo real pero un poco onírico a su vez… ese punto de película fantástica sin ser de terror. Es un género que a mí me encanta. Y luego espero que la película me lleve hasta final sin que me dé sobresaltos, que será la primera vez que la vea…

L.C.: Ah, ¿no la has visto nunca hasta ahora?

B.G.: No, he visto trozos, he visto teasers, trailers… pero en pantalla grande, terminada y con público, no la he visto.

L.C.: ¿Y no os da miedo, al equipo en general, que quizás pueda no gustar precisamente por ese toque onírico que mencionabas? ¿Estáis asustados, o contáis con la tranquilidad de haber hecho lo que queríais?

B.G.: Yo estoy tranquila. Una película es mucho trabajo, y yo ya sé el trabajo previo que hemos realizado con Agnosia. A veces sale mejor y otras peor, pero desde luego, el trabajo que hemos hecho en esta peli ha sido muy heavy. Lo hemos dado todo y ha participado mucha gente, así que hoy, aquí, ya no estoy nerviosa: lo que se hizo, hecho está. Además, creo que me va a gustar, porque a mí como espectadora me encanta este tipo de cine. Agnosia habla de muchas cosas, no se puede decir que sea solo un thriller o una historia romántica, es un cúmulo de géneros que, por lo menos, no aburren.

L.C.: ¿Qué nos puedes decir de tu futuro tras Agnosia?

B.G.: Bueno, terminé una película argentina en julio titulada Sin retorno, que se estrena en la sección oficial de la SEMINICI de Valladolid, y luego estrenaremos Le village des Ombres, una película francesa, que aquí no tiene aún fecha de estreno. Es de de terror y la idea era presentarla en esta edición del festival de Sitges, pero no llegamos a tiempo. Y es una pena, porque ésta sí que es de terror, terror.

L.C.: ¿Y cómo notas tantos cambios? Porque si con Eugenio es todo tan milimetrado, imagino que en alguno de los casos que has mencionado habrá habido más espacio a la improvisación, más libertad…

B.G.: Bueno, con Eugenio es todo muy milimetrado, sí, pero sólo en lo que hace referencia a lo que tiene en la cabeza. Pero a ti no te da la sensación que te esté imponiendo las cosas, ¡aunque en realidad si que lo está haciendo! En este sentido, es muy listo: te lleva por un camino y no para hasta que obtiene lo que quería, y tú no te has dado cuenta y crees que estás creando con total libertad. Cada director es un mundo. Hay directores que quieren que improvises más y sostienen que apenas hay que ensayar; otros que quieren ensayar hasta la última frase, hasta la última mirada… es su obra, y es muy personal. Un actor es como una marioneta al fin y al cabo… Claro que siempre intentas ir entendiendo el personaje que te haya tocado, y a medida que vas trabajando con un director se te van ocurriendo cosas, y las vas metiendo o no, en función de lo que te dejen… pero vamos, que son un mundo.

L.C.: ¿De quién te gustaría ser marioneta? Si pudieras decir cualquier nombre, por ejemplo, Tarantino…

B.G.: Jolín, con él me encantaría, claro. Pero, ¿sabes qué te digo? Antes, hace unos años, te habría dicho varios nombres, ya que hay muchos, muchos con los que quisiera trabajar. Pero hoy en día hay otros que me sorprenden mucho. Por ejemplo, para mí Nacho [Vigalondo], con quien ya trabajé en su día, no es menos que Quentin Tarantino, así que mis ganas de trabajar con él no son menores que las hacerlo con Tarantino. Con Eugenio Mira me pasa tres cuartos de lo mismo: me considero muy afortunada por haberle conocido en este momento, ya que creo que en unos años todo el mundo dirá quiero trabajar con Eugenio Mira. Me siento muy afortunada, y por eso no me atrevo a decir nada… hombre, ahora que lo pienso, Rodrigo Cortés [director de Buried (Enterrado)] es uno de los que me está alucinando. Está haciendo cine que me está interesando mucho. Jota Bayona [director de El orfanato] es otro… pero también creo que hay otra generación de cineastas que ahora están haciendo cortos, y que cuando les llegue la hora de hacer su primer largometraje, yo quiero estar ahí.

L.C.: Sí, quizá mole más esta clase de directores antes que los ya asentados en el mundillo…

B.G.: De momento, y desde mi experiencia personal, me está encantando trabajar así. Todos son primerizos, como lo era hasta hace poco Bayona (y mira ahora)… con Nacho y Eugenio va a pasar lo mismo, así que me siento super afortunada de estar trabajando con este tipo de directores.

L.C.: Pregunta de rigor para terminar: dime la película española del año, y no vale votarse a uno mismo…

B.G.: Uy, aquí me has metido en un brete… Buried, ¿cuenta como española? Es que una es muy difícil… pero sí, me quedo con la de Rodrigo.

Buena elección, sin duda, de una actriz que demuestra tener muy buen ojo. Esperamos que antes o después podamos ver esa ansiada colaboración entre ella y Rodrigo Cortés.

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