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Entrevista a Matt Reeves, director de Let Me In (Déjame entrar)

Tened cuidado que se enrolla mucho. Con semejante advertencia nos ponían sobre aviso a la hora de charlar con Matt Reeves, director de Monstruoso y auténtico apasionado de su trabajo, entusiasta ejemplar de lo que hace y cómo lo hace. Por lo visto el hombre se anima y cuesta poner freno a su nutritiva verborrea. Estupendo para La Casa de los Horrores, ávidos como estamos siempre de hablar con gente que tenga la cabeza bien amueblada y las ideas claras. Lo comprobamos: es el caso de Reeves.El director acaba de hacer su delicado second coming poniéndose a sí mismo contra la espada y la pared: se ha hecho cargo del peliagudo remake de Déjame entrar, que justo ahora desembarca en las carteleras españolas y que fue presentada en el pasado festival de Sitges. Aprovechando la coyuntura, pues, cogimos a Matt Reeves por banda y lo sometimos a un cuestionario que si se preveía fructífero, superó incluso las expectativas. El hombre se la jugaba, y la desconfianza estaba servida. Reeves intentaba quitarse de un plumazo toda sospecha de amiguismo (recordemos que J.J. Abrams siempre ha estado muy pendiente de él) abriendo fuego contándonos cuál fue el mayor reto a la hora de afrontar un proyecto como Let Me In:

Matt Reeves: El mayor desafío fue encontrar a dos actores de doce años que fueran capaces de lidiar con la complejidad emocional de la historia. Estuvimos buscando a Chloe y Kodi durante mucho tiempo, ya que vino un buen número de actores al casting, pero todos hacían una versión hollywoodiense de la historia. Por ejemplo, la escena que les pedía que interpretaran, en el caso del niño, es aquella en la que está hablando por teléfono con su padre. Se trata de una escena muy emocionante, pero que puede resultar muy cursi, y me preocupaba cuando veía a más y más actores que realizaban una actuación demasiado melodramática. Llegué a pensar que ni siquiera podríamos hacer la película. Hasta que llegó Kodi, y fue tan… sutil, tan real y auténtico. No parecía que fuese alguien interpretando a un niño de doce años, sino que estuviese mostrando sus emociones reales de manera muy creíble. Tuve que ficharle.Y lo mismo pasó con la niña. Ahí el peligro fue que muchas actrices jóvenes que participaron en el casting trataban de hacer de vampiras, y la historia, aunque sea de vampiros, es muy realista. Y cuando vino Chloe, le enseñé una imágenes tomadas por la fotógrafa Mary Ellen Mark sobre una familia pobre (los Damm) que vivía en condiciones francamente tristes: vivían en su coche, ya que tenían un apartamento escuálido totalmente abandonado con okupas… creí que era una metáfora perfecta del personaje: una niña de doce años que había vivido en condiciones en las que no debería haber vivido. El caso es que le enseñé esas fotos, y Chloe lo entendió de manera inmediata. Y así supe que también tenía que ficharla a ella para el reparto.

Pero sigamos pinchando. Que como la sombra de Abrams es alargada hay que seguir insitiendo en sus constantes: la banda sonora de Let Me In está escrita, no podía ser de otra manera, por el inevitable Michael Giacchino. Una partitura tan ajustada como de costumbre, pero con una presencia bastante superior a lo normal. ¿Incluso demasiado?

MR: La banda sonora fue extremadamente importante. He trabajado con músicas provisionales a partir de un montón de fuentes: empleé el trabajo de Krzysztof Penderecki (que es el mismo compositor a quien utilizó Kubrick para “El resplandor”) para crear una gran sensación de miedo e inquietud… y luego estaba el problema de cómo ponerle música a los momentos más tiernos, porque la película está pensada para tener muchos elementos de terror, pero también muchos otros de ternura así que estuve muy contento cuando supe que iba a trabajar con Michael, ya que sabía que él encontraría la manera de unificar la película, y a la vez de extraer más emoción y más miedo. Yo le conocía porque se había encargado de la música de los títulos de crédito de Monstruoso, pero nunca antes había trabajado en una película de terror,  aunque la verdad es que tenía muchas ganas de componer la banda sonora de Let Me In. Lo interesante de todo ello es que Giacchino no puede ver ninguna escena de terror con sangre de por medio, así que mientras hacía la música, yo me dirigía a él para decirle lo bien que estaba quedando todo, y me lo encontraba mirando hacia bajo con una mano ante los ojos. Le preguntaba que cómo demonios podía hacer esa música si ni siquiera puede ver una película de terror, y me contestaba que era porque le impresionaba ver sangre en pantalla. A día de hoy, sigue mirando hacia otro lado en esas escenas.

Matt Reeves y Kodi Smit-McPhee en la presentación en Sitges 2010

Cambiando de tercio, convendría saber cuál era el foco de interés de la historia. En nuestra opinión, la película original tiene como una de sus claves el desarrollo de una pareja protagonista que actúa como una especie de «elemento distorsionador» dentro de una sociedad, la sueca, tradicionalmente ordenada, metódica y fría. Un punto de ruptura desestabilizador dentro de un orden establecido y muy arraigado. Obviamente esto debía cambiar un poco situando la acción en Estados Unidos, y nos preguntamos hasta si influyeron estas ideas en el resultado final o la intención se desplazó hacia otros terrenos más personales…

MR: En realidad lo que me interesó de la historia es la parte de la madurez del chico, con la que de hecho me identifiqué, y que iba muy a la par con la manera en que me gusta hacer películas, lidiando con los puntos de vista de cada una.Si quisieras adaptar la novela original de la manera más pura posible, te saldría una película de diez horas, o una miniserie directamente… Todos sus personajes tienen una historia, y de hecho, puedes hacer una muy buena película centrándote tan sólo en los vecinos, o en la figura icónica del padre. Lo que quise hacer fue tomar a esos personajes y filtrarlos a través de los ojos del niño, porque para mí, pese a ser una historia de vampiros, “Déjame entrar” es en verdad un relato sobre la madurez de una persona. Así que el espectador sigue la trama a través del niño, incluso ve a los vecinos a través de su ventana, como si de una ventana indiscreta hitchcockiana se tratara. Todo sirve para intentar traer algo más de luz al tema central de su madurez, instigada por el hecho de estar recibiendo ya los primeros estímulos sexuales, o por ver adultos pelearse y recordarle a la manera en que lo hacían sus padres… La idea es saber cómo sienta ser un chico joven en este mundo.Además, se trata de un joven que está muy aislado en este mundo, y quise reflejar eso a través de la comunidad, desde temas como la religión, a el gobierno de Ronald Reagan y la manera en que se caracterizaba el mal. Todo lo que le rodeaba debía provocar un aislamiento aún mayor del niño, que se está preguntando si sus sentimientos, sus ideas, sus ansias de venganza son o no malignas, y se le hace muy complicado hablarlo con la madre, o con cualquier otra persona.Vamos, que todo lo que hice fue con la intención de filtrarlo a través de sus emociones.

En cualquier caso, por muy personal que sea el producto y muy cercana la motivación, no podemos obviar el hecho de que la película sueca es muy reciente y su éxito aún está sobrevolando a unos espectadores que se quedaron con un muy buen sabor de boca. Así que ¿cómo surge la idea de un remake tan precoz? ¿No temía las comparaciones?

MR: La verdad es que me vinculé al proyecto antes de que la sueca fuese estrenada en los Estados Unidos, como un año antes de ello.Y cuando pude ver el film, lo primero que pensé fue que no debería ser remakeada, porque la encontré bellísima. Me sentí sumamente identificado con la historia del chico, porque me recordó a mi propia infancia.Luego leí la novela, ya que sabía que estaban persiguiendo los derechos por mucho que yo les hubiese dicho que no estaba interesado, y tenía tiempo para pensármelo con calma. Cuando terminé el libro estaba aún más enamorado de la historia. Todos los detalles dolorosos de la infancia del niño me hicieron recordar aún más a la mía.Así que contacté con John Lindqvist (escritor y también guionista de la película sueca), y fue muy amigable conmigo, me dijo que en realidad estaba entusiasmado con la idea de que yo me hiciera cargo del proyecto puesto que le gustó Monstruoso. Además, dijo que significaba mucho para él que lo que me había calado fuese la historia de la infancia, ya que era una adaptación de la del propio Lindqvist. Por lo tanto, al final decidí hacerlo, y me puse enseguida a escribir el guión. Todo antes de que la película sueca se estrenara, así que la única presión que tenía era la de mi yo más fan del producto, ya que aún no había ningún otro fan. Después, cuando por fin se estrenó el primer Déjame entrar, aparecieron de repente un montón de devotos… y entonces sí que empecé a preocuparme.Mi pregunta era si alguien nos daría la oportunidad de ofrecer nuestra versión de la historia, a tenor del amor que sentían por la misma.Al final, mi forma de lidiar con esa presión fue ignorarla. Me abstraje y convencí de que teníamos que hacer esa película, porque nos encantaba, y esa era la única manera de hacer que valiese la pena. Además, les dije a mis actores y a todo el equipo que aún no había visto la original (a mi director de fotografía entre otros) que no lo hicieran hasta después de haber realizado nuestra versión. Que era buenísima y les iba a encantar, pero que trabajar en nuestro Let Me In como una señal de amor hacia ella.Luego hicimos la película, y yo iba siguiendo las reacciones de los fans, que eran más de preocupación que otra cosa, y reconozco que por el camino jamás me las tomé a malas, ya que entendí que surgían por amor hacia los trabajos de Alfredson y Lindqvist, y sólo tienes esa clase de reacciones cuando sientes pasión hacia algo, y sabía que la razón de ese sentimiento de duda se debía a que la mayoría de remakes son terribles. Yo hubiera sentido lo mismo de estar en su lugar. Pero sabía que lo hacíamos desde ese mismo amor hacia la historia original, y que esa era nuestra oportunidad de hacerlo bien y aportar algo.

¿Aportar algo como una franquicia? No esconderemos la tendencia que se tiene en Hollywood a convertir buenas historias en máquinas de amasar dinero aun a costa de convertir un relato único en un serial, una sucesión de secuelas alargada hasta el último céntimo de beneficio. ¿Hay tentación de retomar ese final y dar continuidad a las aventuras de Abby y Owen?

MR: Para mí el final de la película es como una versión terrorífica del de “El graduado”: chico consigue chica, y se van juntos, pero la pregunta es “¿y ahora qué?”. Así que hacer una película que responda a ello le puede quitar poder a esa conclusión. Dicho esto, si Lindqvist decide alguna vez seguir el futuro de esos chicos, y escribe algo desde el corazón, por supuesto que estoy dispuesto a hablarlo…

Volviendo a las comparaciones odiosas, una de las diferencias más evidentes de la original con la versión de Reeves es un despliegue de medios técnicos más evidente. Por ejemplo, algunos de los ataques de Abby están tratados por ordenador, con unos efectos digitales que quizá porían alejar el producto final de la austeridad y extraño realismo de la versión primera. ¿Un síndrome de magnificar los referentes para adaptarlos a un gusto más Hollywood?

MR: En realidad no fue un intento de hacer las cosas a lo grande, era más bien tratar de lidiar con la parte más extraña de su naturaleza. Me interesaba ese sentimiento primario a punto de desatarse, y es la propia Chloe quien se encarga de interpretar esas escenas -hasta un cierto punto en que es sustituida por el CGI porque eran imposibles-, ya que la idea era tratar de representar esas cosas que su personaje puede hacer pero un humano no, pero desde un punto de vista muy restringido, no había ninguna intención de hacerlo en grande. De todos modos, estamos hablando de unas… diez escenas en total, en las que sí que puedes decir “sí, vale, ahora se ve claramente que está en modalidad vampiro”, pero en las otras doscientas, ni lo llegas a notar. Y bueno, también es cierto que en algunos momentos, debido a las restricciones del presupuesto no ha salido tan perfecto como debería, y en cambio, en otras sí se ha usado un estilo acorde a nuestras elecciones… pero todo forma parte del proceso productivo. A mí, personalmente, las escenas de ataque no eran las que más me interesaban, ya que opino que la novela es de terror puro, un terror que surge de esperar a que lleguen esos momentos, y esa era mi preocupación en la película, esos pasajes de introducción a la posterior acción. Luego, claro, quería que esos momentos fuesen chocantes, pero no hasta el punto de distraer al espectador del film.Además, pensando en las películas que me asustaron de pequeño, me vienen a la cabeza títulos como “El exorcista”, que tienen una tremenda atmósfera, e introducción. Durante los primeros cuarenta minutos en realidad no ves nada, pero el tono de todo ello es horrible, y luego cuando suceden esas cosas extrañas es muy perturbador. Especialmente si se trata del cuerpo de una niña joven. Creo que por eso es por lo que justamente pensé en “El exorcista”, porque ella es, o debería ser tan pura, tan pequeña, y sin embargo es la huésped de esa expresión diabólica. Algunos de esos elementos fueron una tentativa de mostrar el mal haciéndose con un cuerpo joven, que es algo de lo que también ocurre en Déjame entrar.


Al final, lo que están creando Lindqvist, Reeves y Tomas Alfredson (director de la original sueca) es una especie de «mundo vampírico alternativo», paralelo a las modas actuales y con poco o nada tiene que ver con los productos que están ahora mismo arrasando entre los espectadores, y lectores, más jóvenes. Películas mucho menos cuidadas a nivel artístico y literario y sin embargo mucho más populares. ¿Cómo sienta eso?

MR: (Risas) A ver, a mí lo que me interesó de Let Me In es que se trataba de una historia de vampiros que era muy distinta a todo lo demás, pero también lo era de las historias de vampiros del pasado, porque se usaba una trama de vampiros para describir el horror de la madurez, y creí que esa idea era única. El objetivo verdadero de Lindqvist era hablar de su infancia como si de un cuento de terror se tratara, porque así es como la sintió él. Lo encontré precioso, y a la vez una de las más originales historias de vampiros que jamas he visto. Y me encantan las películas de género, que justamente usan el género, la parte fantástica, como una metáfora de algo real. En resumen, prefiero mil veces más el cine de género que usa un tono realista, y esa sería mi elección a la hora de ir al cine.

Sin duda, esa es la nuestra. Un motivo más para tener en consideración a un hombre que nos llamó la atención ya desde su anterior (y primera) película, «Monstruoso», de la que nos declaramos fans. No queríamos perder la ocasión de preguntarle sobre la continuación, que aparentemente se encuentra en fase de gestación, y sin embargo el tiempo vuela, y los compromisos son muchos. Deberemos dejarlo para la próxima ocasión.

MR: ¡Eso seguro! Sería genial…

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