Atlàntida 2018

samantha hudson

Crítica de Samantha Hudson

/
Siempre que nos topamos con un documental como el que ahora nos…
Sarah Plays a Werewolf

Crítica de Sarah Plays a Werewolf

/
Parece que el festival Atlàntida ha descubierto un filón en…
blue my mind

Crítica de Blue My Mind

/
No descubriré nada nuevo ahora, si digo que desde siempre se…
yo la busco

Crítica de Yo la busco

/
Y yo. Y tú, que si no lo estás haciendo ahora, en algún punto…
diario de mi mente

Crítica de Diario de mi mente

/
Un menor de edad comete, un buen día y sin venir a cuento de…
el caso kurt waldheim

Crítica de El caso Kurt Waldheim

/
El Atlàntida Film Fest de Filmin recupera el mejor documental…

Atlàntida: un festival entre Filmin y ses illes

Como ya sabéis, que con esta son ocho ya sus ediciones. El Atlàntida Film Festival es un certamen atípico, y es que funciona en dos universos paralelos. Por un lado está la plataforma online Filmin, desde la que se puede ver una selección de los títulos que componen su programa. Y por otro las islas baleares, donde se proyectan algunos títulos, quizá, más gordos.

Títulos que en todo caso suelen acabar en carteleras españolas al cabo de nada, lo cual se agradece, dicho sea de paso. Pero que en realidad pierden cierta gracia si se comparan con el grueso del cartel, que sí puede verse desde el salón de nuestras casas.

Cine europeo alternativo

Esa selección de títulos a pedir de online se establece echando un vistazo al viejo continente. De las industrias de toda Europa se compone un listado, bastante inabarcable a simple vista la verdad, que propone un recorrido por títulos alternativos, obras de autor, operas primas de quienes lo último que quieren es que se consuma una palomita en el cine.

Películas pensadas, paridas desde el guión y la inteligencia para hacer frente a la escasez de medios. Y también películas de rabiosa originalidad. Claro, no siempre aptas para todos los públicos. En definitiva, este es el manotazo en la cara a todo espectador que dice que “hoy en día todas las películas son iguales”. No, amiga o amigo: si te alejas un poco, un poquito de los círculos más comerciales, vas a caer a un universo de obras que arriesgan, en las que prima el arte por encima del beneficio económico. Obras que gustan, que se odian, o que se gustan y odian a la vez.

Pero en general, obras que obligan a activar neuronas.

En esta edición, títulos como Holyday nos han llevado a los límites de nuestra resistencia; El caso Waldheim nos han hecho replantear lo poco que nos queda por salvar de la política, en general; o directamente, con Diario de mi mente replantearnos nuestros valores, así en general.

No todo han sido luces, ha habido bastante sombra de hecho. Pero de eso se trataba, ¿no?

Atlàntida Film Festival

Nuestro primer año cubriendo este festival, uno de los más interesantes por ser, probablemente, pionero en materia. A diferencia del resto de certámenes, el festival Atlàntida arranca desde casa, vía plataforma Filmin. Durante varios días, dicho servidor de streaming ofrece un surtido de películas de autor y europeas, proponiendo una mirada radicalmente distinta al panorama cinematográfico. Películas que no pasan el corte por no ser suficientemente comerciales, no incluir suficientes gags sobre la proveniencia de sus protagonistas y/o sus apellidos, o no contar con un reparto de primera. Y que sin embargo esconden mayor cantidad de arte por fotograma, mayor riesgo, compromiso, o voz. La voz de directores que aún entienden el cine como arte y no como producto.  De quienes quieren decir algo por medio de su cámara y su guión.

Atlàntida 2018

Especialmente ilusionante, para nosotros al menos, es la edición del Atlàntida 2018, por ser la primera que cubrimos de manera oficial. Lo cubrimos desde casa, no pudimos desplazarnos a las islas baleares (donde tienen lugar proyecciones exclusivas -en la presente edición, sin ir más lejos, el Happy End de Haneke), pero intentamos llevar a cabo un visionado lo más amplio posible de las principales películas presentadas en el festival.

En general, vimos un cine europeo muy preocupado con la situación política, económica, pero también social. No han sido pocas las películas que han puesto en evidencia las dificultades de los jóvenes para encontrar su hueco en la sociedad, o poder expresarse y ser escuchados. Algunos títulos han optado por explicarlo mediante lo fantásticos, otros mediante el drama, pero en general la cuestión está clara: tenemos cada vez menos voz, y lo tenemos cada vez más complicado para sobrevivir, y eso pese a vivir una época en la que deberíamos tener alcance a todo.

Discursos que no se ven en las comedias europeas de turno, que semanalmente se estrenan en nuestra cartelera para regocijo del público más entrado en años, y en una posición de bienestar que algunos de por aquí ni olemos. Curiosamente, hacia ese sector lanza Haneke sus cuchillos en la ya citada Happy End. Curiosa línea, pues, la que se dibuja entre las películas de un festival que demuestra mucho mejor criterio que la mayoría a la hora de seleccionar sus títulos.

ca-pub-6467860015048094