Festival de Sitges 2017

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Un 50 aniversario con más sombras que claros

Tras varias ediciones de titubeos y comentarios por lo bajini, el Festival de Sitges tenía en 2017 la oportunidad de dar un golpe en la mesa. Era la edición número 50, se prometían alegrías en forma de edición inolvidable… Y sin embargo acabó pasando a la historia como otro más. Un nuevo año de infinidad de películas olvidables en el mejor de los casos, con pocos títulos realmente trascendentes, y por tanto, un nuevo año plagado de maratones de pérdida de tiempo.

Títulos gordos sí hubo alguno, siendo La forma del agua el más sonado. Pero por lo general, desde que el festival de Sitges empezó a vender su alma al diablo, no ha levantado cabeza. Obligaciones contractuales que obligan la programación de diez títulos inenarrables por uno digno; centenares de películas que se traducen en carreras de un cine a otro para intentar cubrir ni que sea una de las decenas de secciones… y en general un festival más centrado en eventos (la zombie walk) que en cuidar su programación, optando por un público al que lo que menos le interesa es lo que va a ver.

Mientras el chio no cambie, la cosa va a seguir por estos derroteros. Angel Sala, el actual director del festival, está encantado con los números que hablan de récord en récord de asistentes.

Claro que se le olvida comentar que se ha creado una sala, la Tramuntana, que debería estar prohibida por su ínfima calidad. Que la prensa debe pagar una cantidad respetable de dinero para conseguir una acreditación que luego no le vale para todas las películas (por lo que deberá pagar más si quiere acceder a ellas). Que se acreditan cientos y cientos de medios, blogs, webs, influencers… por lo que antes de empezar el festival, ya se ha recuperado parte de la inversión.

Y lo peor: se le olvida comentar que año tras año, la sensación crítica es igual: una tendencia al negativismo que debería obligar a un replanteamiento profundo de un festival mítico, 50 años lleva. Entrañable, porque Sitges es y será siempre Sitges. Pero que lleva dando palos de ciego varios años, al apostar por el dinero rápido antes que la calidad. ¿Éxito? Sí. ¿Durabilidad? Está por ver.

Sea como sea, aquí está nuestro seguimiento a la edición número 50 del festival de Sitges.