Festival de Sitges 2018

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Seguimiento de la edición número 51 del festival de Sitges

Un año más. Tropecientos van ya. Un año más podréis encontrar en La casa de los horrores un seguimiento detallado al festival de Sitges. Cada vez es más complicado acudir a él: los hay que trabajamos entre semana, pero también los hay que nos cansamos de luchar contra un sistema de acreditaciones de prensa cada vez peor.

Quizá Sitges 2018 sea uno de los mejores años que le recordemos: Gaspar Noé, Lars Von Trier, John Carpenter, Nicolas Cage, Tilda Swinton, Ed Harris, Tilda Shyamalan, Ron Perlman… la lista de nombres es infinita, y la mayoría de ellos vienen con proyecto bajo el brazo.

O concierto, en el caso de John Carpenter.

Por fin un año de películas relevantes, por fin un año prometedor. Una pena que se nos limite el número de entradas a las que poder tener acceso. Y es que de los 40 tickets a los que podemos meter mano, sólo cinco son para sesiones importantes. Cinco. Si quieres ver una película importante en este festival, debes hacerlo a las 8 de la mañana en el Auditori. Oh, perdón, ¿que trabajas y sólo puedes acudir a la ciudad catalana por las noches? Pues casi que te quedes en casa, que para ti, el Festival queda vetado.

Así que nada, de la retahíla de nombres que os hemos apuntado intentaremos que aparezca la mayoría de sus títulos, pero no prometemos nada. No podemos. Pero sea como sea, Sitges 2018 está aquí, y La casa también. Y nuestra voluntad vuelve a ser consumir películas a granel durante estos días, sea de un modo u otro, así que preparaos para una sección que va a crecer exponencialmente durante los días que siguen…

La milla verde del festival de Sitges – Por Mario Parra

Esta 51ª edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges ha estado plagada de polémicas, quizá con lo que se queda la mayor parte de un público ávido de salseo, pero también de mucho cine, estrellas e innumerables sesiones con un público entregado. Como dijo Ángel Sala, director del festival, este año se han vendido un 4% más de entradas que el año pasado, algo que confirma la vitalidad del evento y del cine de género en particular.

Por mi parte, no pude disfrutar de todas las películas que quería, pero sí me quedo con un puñado de títulos muy recomendables, y también de otros completamente olvidables.

Para empezar, la norteamericana The Wind, acerca de una pareja que, en la época del salvaje Oeste y viviendo ellos solos en una apartada cabaña, se enfrentan a una presencia maligna que afecta principalmente a la mujer. Un filme que juega con lo sobrenatural y la paranoia, sin saber muy bien en qué momento lo que vemos es real o la imaginación de la mujer, pero que resulta soporífera y acaba recurriendo a unos efectos de saldo y unos sustos risibles, pese al minimalismo imperante en todo momento en la cinta.

Llegamos así a la primera maratón de medianoche, cargados de Red Bull y buenos sentimientos, pero también con el miedo a poder roncar en la sala. La Nit del Diable comenzó con The Devil’s Doorway, un torpe found footage (no saben darle matarile a este cansino subgénero), acerca de dos sacerdotes vaticanos que en 1960 llegan a un convento de clausura, que nada tiene que ver con la reciente La monja, para investigar unas apariciones fantasmales de niños y que se acaban encontrando con un ser demoníaco que habita entre las paredes del lugar. Sustos de subir el volumen al 120%, música extradiegética que no viene a cuento y unas decisiones de guión irrisorias para comenzar la sesión. A su favor, valorar la escasa duración del filme y algún momento de terror conseguido.

The Axiom continuó con la mala sensación de que ese maratón estaba plagado de aquellos títulos baratos que por sí mismos no merecían el coste de una entrada individual. Un grupo de amigos se adentran en un bosque apartado, con el fin de hallar a la hermana desaparecida de una de ellas. Al penetrar en dicho paraje llegan a una especie de universo paralelo, donde unas criaturas son capaces de suplantar a los humanos para acabar con su vida. Película muy del estilo de Antena 3 por la tarde, con un diseño de criaturas por encima de la media para esta calaña de obras, pero que causó el sopor del respetable. Difícil de digerir y, por tanto, restaba fuerzas para culminar la madrugada.

Pero entonces apareció la salvación, proveniente de Indonesia: May the Devil Ttake You, del siempre interesante Timo Tjahjanto, donde una familia en una cabaña se enfrenta a una temible maldición desatada por el padre años atrás. Obviamente, suena a muchas películas y nos recuerda al Sam Raimi más salvaje y rural (esta última comparación no es en vano), pero estamos ante una obra maestra que pervierte el subgénero de los fantasmas vengativos pálidos y asiáticos, para adentrarnos en un tren de la bruja demoníaco que desata los latidos del corazón al más puro estilo Usain Bolt. Un peliculón que te mantendrá en tensión hasta los créditos finales y que te acompañará en tus pesadillas durante un tiempo. Solo decir que, volviendo a casa, a eso de las 6h de la mañana, procuraba no pensar en ella para no tener que soñar con sus tremendas imágenes…

Tocaba despertarse un par de horas después, con un buen café en mano, para la proyección de la coreana Monstrum, donde parece ser que una criatura está devorando a los hombres del lugar y está contaminando la zona con un virus. Dos ex soldados del emperador son enviados a dar caza a este ser, en caso de existir. Una agradable mezcla de comedia, terror, acción y aventuras para una monster movie asiática simpática y digerible, pese a algunos momentos algo patéticos (cierto humor más casto que Kiss FM) y un final demasiado de cara a la galería.

Por la tarde tocaba el esperado pase de Wofman’s Got Nards!, el documental sobre la gloriosa cinta ochentera Una pandilla alucinante de Fred Dekker, en la cual unos niños de un pueblo estadounidense, que crean un club, deben enfrentarse a los monstruos clásicos de la Universal: Drácula, el Hombre Lobo, Frankenstein, La Momia y la Criatura de la Laguna Negra; mejor equipo que el Dream Team culé, oiga. Un filme que, pese a la maravillosa idea que tenía, unos diseños estupendos de las criaturas y momentos para la gloria, pasó con más pena que gloria por los cines americanos, hasta que consiguió ser un título de culto décadas después. El documental, dirigido por el protagonista, ya no tan niño, habla acerca de la producción, los diseños y efectos, el estreno en cines y tv, las reacciones de los implicados ante su fracaso, y se centra en demasía en su segunda mitad en el fenómeno fan a su alrededor, mucho menos interesante que tratar la producción o el diálogo con los cineastas que realizaron el filme. Pero sin duda, una propuesta muy simpática, donde te ríes y hasta puedes soltar la lagrimita en algún punto.

Segundo maratón del último fin de semana del puente, con más cafeína en el cuerpo y rezando a Cthulhu y a King Kong para que la velada fuese agradable y con menos truños de los habituales en esos horarios. Nadie oyó mis ruegos al otro lado vista Christmas Blood, en la que un psicópata disfrazado de Papá Noel persigue a jovencitas fiesteras por Noruega para hacerles la liposucción con su bien afilada hacha. El guionista, quien presentó el largometraje, reconoció que comenzó a escribirlo con unos 12 años. Y se nota. Una película malísima, que ni siquiera invita al aplauso con sus muertes o a la risa cómplice del espectador. Primera oleada de sueño que se cierne.

Obviamente, todo puede empeorar, y así sucedió con An Incredible Violence: unos actores escogen un trabajo por el cual se meten en una casa en mitad del campo para rodar unas secuencias, cuyos guiones les llegan por fax a diario, aunque siempre tienen que interpretar las mismas escenas, que se van pasando de castaño oscuro y paulatinamente se hacen más macabras, violentas y peligrosas. Un director muy mediocre sirve este gazpacho de géneros para sufrimiento de un público poco entregado. No es divertida, no da miedo, pero bueno, en ningún otro lugar tendrían cabida este tipo de títulos.

Y puesto que parezco el Señor Scrouge, me voy a poner benévolo y entusiasta con la mejor película de la noche, Gonjiam: Haunted Asylum, donde los coreanos vuelven a salvarnos del tedio. Un grupo de jóvenes, a través de un programa de Youtube (Wismichu nada tuvo que ver, prometido) que trata de introducirse en lugares encantados y malditos, decide entrar con nocturnidad y alevosía en un manicomio abandonado lleno de historias de gallina en carne, como chicos desaparecidos, suicidios al entrar en determinadas salas del lugar, apariciones fantasmales, ruidos extraños…, vamos, el Disneyland de Corea del Sur. Una cinta que cumple con creces y demuestra que aún se puede utilizar con habilidad el manido recurso del metraje encontrado. Unos personajes interesantes y unos sustos muy conseguidos. Y atención al estupendo escenario, que no lo querría yo ver por mi vecindario.

Mas no todo puede ser alborozo, ya que Dead Night cerró la noche de muerte, sí, pero hablando mal. Un grupo de brujas empieza a fastidiar a una familia de retiro en el campo para sobrellevar el cáncer del cabeza de familia. Un filme sin ton ni son donde solo compensa la actuación de Barbara Crampton, una experta en estos lares terroríficos, aunque no consigue salvar una película que, pese a su brevedad, solo puede ser recordada por esos spoilers que se suelta a sí misma en forma de show televisivo donde relatan los sucesos del bosque de marras. Infumable.

La recta final del certamen se iba aproximando con el visionado de la británica Dream Demon, en la que una joven de buena familia a punto de casarse empieza a sufrir unas extrañas y aterradoras pesadillas, hasta el punto de que los demonios acceden al mundo real para hacer de las suyas. Un interesante filme, que recuerda en ocasiones al mejor Freddy Krueger, con unos efectos de maravilla y un punto de humor inglés que le sienta genial. La película es del año 1988, pero en su momento se perdieron todas las copias disponibles, hasta ahora. Su director presentó amablemente la obra y al acabar se prestó a varias preguntas de la platea. Una genialidad poder haber recuperado esta joya oculta, que peca de exceso de metraje y locura en su tramo final, pero que merece la pena rescatar.

Para culminar un puente lleno de altibajos, pero disfrutable y con encanto en todo momento, tocaba maratón sorpresa en el Auditori del Hotel Melià Sitges, la mejor sala del festival con diferencia, porque mejor no hablar del ruido en los pasillos de Tramuntana o del poco espacio entre filas. Dicha proyección empezó con la japonesa I Want to Eat Your Pancreas, un anime basado en una novela, que no versa acerca de una invasión zombie con predilección por la casquería humana. Se trata, por el contrario y por desgracia, de una edulcorada historia de amor entre un joven solitario y taciturno, dedicado siempre a la lectura, y una joven vivaracha y con miles de amigos, cuyo páncreas deja de funcionar. Una cinta romántica cargada de buenos sentimientos y con momentos que te incitan a soltar el lagrimón, pero que poco tiene que ver con el género fantástico. Bonita pero olvidable.

Summer of 84, la copia de Stranger Things pero cambiando monstruos lovecraftianos de otra dimensión por un asesino en serie que aterroriza un vecindario, es un producto de pura nostalgia, con buenos personajes (no todos carismáticos) y un final muy atrevido, pero que no termina de despegar. Eso sí, la relación entre los chavales y el que creen el psicópata está muy bien llevada.

Y para acabar, la que había sido una de las sorpresas de este año en la ciudad catalana, el título nipón One Cut of the Dead. Un pequeño y cutre equipo de cine está rodando un filme de zombies, pero se topan con una auténtica invasión de muertos vivientes. Una rareza que se centra más en los entresijos del rodaje y no es tanto una comedia de terror como una comedia sobre el mundo del cine. Funciona y en el último tramo que tienes que reír, pero es un poco decepcionante.

Para mí esto fue todo en el Festival de Sitges. ¡Pero volveremos a encontrarnos!