guinea pig 2 flower of flesh and blood

Guinea Pig 2: Flower of Flesh and Blood

Hideshi Hino es un tipo peligroso, esto ya os lo digo ahora. Por lo menos como comunicador. Autor de algunos de los mangas más perturbados y perturbadores del mercado actual (“La serpiente roja”, “El niño gusano”, “El hijo del diablo” o “Criatura maldita” dejan en pañales a las bizarradas de Suehiro Maruo) es también director de un par de capítulos de una serie de películas (llamémoslas así) que durante los años 80 y principios de los 90 pusieron en jaque a los adalides de la corrección y el buen gusto, a los cuerpos de seguridad japoneses y americanos, a Charlie Sheen y básicamente a todo el mundo.

Causó estragos y volvió loco a medio planeta. Por lo menos a la parte con más querencia por el underground más guarro y los submundos más turbulentos de la geografía cinépata mundial.

Así que hemos considerado iniciar esta nueva sección con esta segunda entrega de la serie “Guinea Pig”, la titulada “Flower of Flesh and Blood”. Sí, “Flores de carne y sangre”, que además pasa por ser la más brutal y realista de la saga.

Según rezan los títulos iniciales, el mangaka Hideshi Hino recibió en 1985 un paquete remitido por un perturbado que se reconocía como fan de su obra. Este contenía una gran cantidad de material gráfico incluyendo fotografías y una película rodada en 8 mm. alrededor de la tortura y asesinato reales de una joven inocente. Hino reconstruyó para “Guinea Pig” el susodicho video, que es lo que nosotros, cándidos espectadores, podemos ver.

¿Y qué podemos ver exactamente? Pues nada más (nada más) que eso: una chica paseando entre las sombras de la noche que es secuestrada por un tipo en coche. Ya en su casa, el hombre la ata a una cama y la droga, sólo para proceder a su desmembramiento. 40 minutos explícitos, contundentes y excesivos se miren por donde se miren. Aunque no dé muchas posibilidades: se muestra todo en primerísimo plano y con todo lujo de detalles, aderezado todo con una música extrañísima y unos efectos de sonido no menos perturbadores. Pensadlo, “Guinea Pig” significa “conejillo de indias”, así que lo que Hino nos pone delante (literalmente, él mismo interpreta al psicópata) no es sino un catálogo de atroces métodos de desmembramiento que revolverían el estómago al mismísimo Dr. Mengele.

Es la fascinación del niño que juega con una hormiga y una lupa, pero llevado a los extremos más oscuros del alma, a la situación límite del complejo de Dios con personas humanas, a la sangre, la vida, la muerte y toda la pesca.

El cuadro, además de chocante, es de lo más inquietante: el carnicero se pone las botas, sirviéndose de todo tipo de herramientas propias de la inquisición, mientras va ataviado con un mandil, un casco de shogun y maquillado como un actor de kabuki, dientes negruzcos, bigote espeso y labios de rojo reventón. Recuerdo cómo un profesor de semiología nos contaba una vez en la facultad que hay que saber disociar el autor de su obra, que no hay que atribuir a un creador la ideología, o el enfoque filosófico de lo que crea. En otras palabras, que se pueden crear auténticas locuras siendo el tipo más cuerdo sobre la faz de la tierra. Bien, pues sinceramente creo que Hideshi Hino destroza literalmente esta afirmación.

Una mente muy “particular” (eufemismo de la semana) tiene que orquestar todo esto y encima intentar darle una trascendencia filosófica: el leitmotiv de la performance es la búsqueda de la belleza en la muerte. De la sensualidad y la voluptuosidad en la sangre chorreando y las vísceras escurriéndose. A lo que equipara en todo momento las diversas mutilaciones a florecimientos. Sí, cada herida, cada tajo, cada corte es una flor abriéndose a la vida.

Lo extremo de los planteamientos sadomasoquistas de “Flower…” deja “Hellraiser” en un juego de niños; constantemente flirtea Hino con la dicotomía dolor/placer: la víctima, drogada, no sólo no siente dolor, sino que además la destrucción de su propio cuerpo le produce placer. Y de placer puede calificarse también las sensaciones que (por lo visto) experimenta el personaje ante su obra terminada y al mostrarnos libidinosamente su colección completa. Para colmo, la muerte de la víctima no le priva de seguir sacando “belleza” de la situación: una secuencia con uno de los ojos de la chica resulta especialmente perturbadora.

Y a partir de ahí, vuelta a empezar; nueva víctima y nueva adquisición para la galería de los horrores.

De una brutalidad insoportable, “Flower of Flesh and Blood” le remueve a uno las tripas. Y cómo. La película se convirtió en un clásico de lo enfermo casi al instante y un gran número de leyendas negras empezaron a revolotear a su alrededor. Todas relacionadas con su vocación de (falsa) snuff movie. En más de una ocasión se ha armado jaleo al respecto: el caso más sonado, el de un despistado aunque buen samaritano Charlie Sheen. El actor de “Wall Street”, en un acceso de mojigatería sin precedentes, tuvo acceso allá por 1991 a un fragmento de la película y, horrorizado, reportó de su existencia al FBI, calificándola automáticamente de “real”. Obviamente, se demostró que todo lo que ocurría en ella era falso, e incluso tuvo que aportarse como prueba un video en plan making off que explicaba la elaboración de los (muy, muy convincentes) efectos especiales y de maquillaje. Los americanos se acordaron de Hiroshima, los japoneses siguieron a la suya y todo quedó en anécdota morbosa.

Pero lo que sí es seguro es que “Flower of Flesh and Blood” es probablemente una de las experiencias audiovisuales más fuertes que ha podido sufrir un servidor.

Y esto no ha hecho más que empezar.

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7 comentarios
  1. Nita Dice:

    Uuuuh madre mía, esto es demasiado para mi cuerpo. No sabía que existían pelis de este calibre, a mí me dió "escalofríos" (o lo que sea que dan las pelis sobre pelis snuff) la de 88 mm, así que no te digo na…

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  2. Anónimo Dice:

    ghhhhhhh…. yo no sé los que lean el primer gruesome, pero me han entrado unas ganas de verla que pa' qué! en especial por el tema del ojo que mencionas, que tengo yo cierta debilidad…

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  3. Anónimo Dice:

    No se equivoquen, ¡huyan de esta bazofia asquerosa, vehículo de inmoralidades, valores torcidos, imágenes infectas y una calidad técnica absolutamente atrofiada!

    Lo que significa ¡corred a verla, insensatos!

    Bueno, tú Nita, si es cierto eso que dices de "8mm"… igual mejor te abstengas, jejeje…

    ¡Saludos gruemosos!

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  4. mercury Dice:

    Ya leí tiempo atrás sobre esta serie de películas y sobre el pueril incidente de Charlie Sheen. Dios, y es leer tus palabras y me asaltan unas irracionales ganas de ver la película. Pero al mismo tiempo, tan solo de leer lo aqui escrito y transformarlo en imágenes en mi mente, me invade una sensación muy extraña y dificil de explicar. Es como un asco y un miedo que vienen muy de dentro, algo como ancestral. Y finalmente puede más ésto último y desisto de verla.
    Me atreví con Martyrs,tras leer y releer, con un sudor frio recorriendo mi cuerpo y con el dedo fijo en el ratón por si tenia que detener la reproducción de inmediato. Al final no resultó tan insoportable (teniendo en cuenta que la vi con algún "salto").
    En fin, debe ser cosa de la edad porque recuerdo haber visto en mis años mozos películas gore como braindead y holocausto caníbal sin acabar vomitando la primera papilla.

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  5. JmGore Dice:

    Cierto es que esta "película" es la mas explicita y gore de toda la saga "Guinea Pig" pero a mi la que mas me impactó fue la primera, dos tios torturando a una mujer. Brutal y que te deja con un mal cuerpo…
    Gran articulo seguid así

    Responder

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