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In memorian: Maureen O’hara (1920-2015)

El pasado sábado nos llegaba la trágica noticia de la muerte de la irlandesa Maureen O’hara, la última gran estrella femenina que quedaba (junto a Olivia de Havilland) de la Edad Dorada de los estudios hollywoodienses durante las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado, una actriz que además había trabajado con algunos de los mejores directores de la historia y que, según cuentan lo que la conocían, guardaba un enorme carácter y personalidad que hizo ganarse el respeto en un mundo eminentemente masculino y de entre muchos otro, todo un ogro tras las cámaras: John Ford. Y es que no podía ser de otra manera ya que con el maestro Ford fue con el cineasta con quién más colaboró (en 5 ocasiones), haciéndolo en algunas de las cintas más míticas del director con parche como Qué verde era mi valle o Río Grande y en otras no tan importantes (pero muy reivindicables) como Escrito bajo el sol o Cuna de héroes, pero si hubo una cinta en que se convirtió en mito ella y su pelirroja melena, esa fue la que nos trasladaba a Innisfree, ambientado en su Irlanda natal, tras los pasos de Sean Thornton y que se trata, probablemente, de una de las 10 mejores películas que jamás se hayan filmado: El hombre tranquilo.

Tal vez valorando el impacto del film más autobiográfico en toda la filmografía de Ford entendamos un poco mejor la actriz que se nos acaba de ir, pero no sólo de Ford vivíó O’hara ya que sus dos primeros papeles importantes en esto del cine vinieron de la mano de William Dieterle y el gran Alfred Hichtcock en, respectivamente, Esmeralda, la zíngara (basada en Nuestra sra. de París de Victor Hugo) y en Posada Jamaica (el último film británico del orondo cineasta antes de saltar a Hollywood con Rebeca). Después de la repercusión de estos papeles consiguió su primera colaboración con Ford en su verde Obra Maestra, y a partir de ahí, el nombre de O’hara pasó a encabezar los repartos de algunas de las más importantes cintas de cineastas tan grandes, entre muchos otros, como Henry Hathaway con 10 héroes de West Point, Henry King en el Cisne negro, William A. Wellman en Las aventuras de Buffalo Bill, Frank Borzage con Los piratas del mar Caribe, Lewis Milestone con Kangaroo, Nicholas Ray con Un secreto de mujer, Sam Peckinpah en Compañeros mortales o Jean Renoir con Esta tierra es mía.

Una lista que deja sin hablar al más pintado, pero que pese a la importancia de muchos de sus papeles, jamás fue recompensada con un premio por parte de la Academia (hasta 2014 en que le fue concedido un Oscar honorífico). Otra perdida más que poco a poco nos va arrebatando las estrellas más relucientes que durante una brillante época cinematográfica ocuparon todos los focos y flashes en muchos estrenos de películas irrepetibles. Por eso, y por todo lo demás, nuestro humilde recuerdo para ella.

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