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Oscars 2010: Minicríticas de los nominados a Mejor largometraje documental

Sumamos y seguimos con toda la movida Oscars. Nos detenemos ahora en los largos documentales, categoría que tradicionalmente suele dar una de cal y otra de arena. Y este año no ha sido menos.
Michael Moore no ha asomado las barbas, pero sí alguno de sus pupilos ha intentado sembrar el pánico entre nosotros, pobres mortales desprevenidos ante sistemas sociales resultado de la bestia negra llamada Capitalismo. Pero, como ocurre con la hermana pequeña de esta categoría (cortos documentales: escalofriante “China’s Unnatural Disaster”), también podemos encontrar algún que otro documento absolutamente necesario en lo sangrante de sus planteamientos y las situaciones que retrata.
Antes de empezar, apuntar sólo que “Which Way Home” se ha librado de nuestro análisis. Básicamente porque no hemos logrado tener acceso a este documental de la HBO sobre dos niños hondureños que deciden cruzar Méjico para reunirse con sus padres en Estados Unidos. Una pena, porque se dice que es brillante, y HBO Films suele ser garantía de calidad.

Los otros cuatro candidatos a continuación, tras un golpecillo de mouse.

Y comenzamos con «Food Inc.«, documento tremendista sobre lo gorrinos que somos en la mesa y cómo nos la meten doblada a través de aberraciones gastronómicas de diverso pelaje, a saber: alimentos transgénicos, animales modificados genéticamente, adulteraciones en el grano, todo tipo de venenos escondidos en la comida basura y así.
«Food Inc.» es el clásico documental de fuerte carga michaelmooresca que, si bien reduce los niveles de estridencia del orondo director de «Bowling for Columbine», sí mantiene un cariño por el alarmismo social y gusta de fomentar la paranoia (secretismo de las grandes empresas, conspiraciones, espías en la sombra)… con buenos fines, eso sí, que en el fondo, el director Robert Kenner es un crítico-pero-amigable (pijo)progre que te quiere ayudar. Pero no por eso va a escondernos la realidad de la industria alimenticia americana, por la que corren empresarios malévolos, granjas de pollos del infierno, una surrealista elasticidad del maíz, mataderos de cine gore, bacterias asesinas de niños, obesos inconscientes, artimañas de todopoderosas empresas, gargantas profundas anónimas que se juegan la vida para dar información…
Kenner presenta los hechos con una atractiva estructura de suspense, donde no faltan los picos dramáticos de rigor para que la tensión no decaiga y tira de imágenes de archivo, multiplicidad de formatos para evitar el aburrimiento (que pasan por animaciones, anuncios o diagramas), y escora en todo momento hacia un sensacionalismo amparado bajo el paraguas del «chicos, tenéis que saber esto». De todo ello se desprende una corrosiva crítica al sistema de consumo americano y a toda la industria alimentaria del mundo occidental, válida, sí, pero que no puede evitar caer en la perversidad de muchos documentales de este tipo: pretende hacernos creer que presenta la verdad tal y como es, sin tapujos, pero nosotros no podemos evitar sentirnos estafados por lo que deducimos que es un trabajo de edición adulterado por el sensacionalismo, maniqueo y manipulador.
Pero al final, pese al incontenible torrente de información que se nos ofrece y a pesar de la hippiesca soflama ecologista previa a los créditos finales, prevalece el mensaje (nada original, por cierto), que comentaba al principio: en el comedor somos todos unos cerdos, pero no tenemos la culpa, porque Ellos son los que como cerdos nos alimentan. Durante 10 minutos le dan a uno ganas de pasarse al veganismo.
Y viendo «The Cove» lo que nos sentimos es con ganas de afiliarnos a Greenpeace.
«The Cove» narra la odisea de un grupo de amantes de los cetáceos capitaneados por Ric O’Barry (quien fue entrenador de Flipper en los 60), por exponer a la luz pública una terrible situación que se da en Taiji, un pequeño pueblo costero de Japón: año tras año se asesinan a sangre fría cientos de delfines en una pequeña cala secreta para, encima, vender su carne (alta en mercurio hasta límites nocivos) para su consumo humano haciéndola pasar por carne de ballena.
Ni cortos ni perezosos, O’Barry y los suyos inician una investigación para conseguir imágenes de las dichosas carnicerías y todo lo que las envuelve: los grupos de pescadores que forman auténticos grupos de matones, la implicación de mafias para que las actividades no salgan a la luz pública, la complicidad del gobierno de Japón y de otros países a cambio de compensaciones económicas…
En fin, todo un sistema perverso de maltrato animal que desemboca en consecuencias desastrosas: a parte de la evidente crueldad, los casos de malformaciones en fetos humanos a causa del mercurio se dieron, y se volverán a dar, en grandes cantiades.
Para detener todo ello, plan de ataque a lo «Ocean’s Eleven» al canto, y grupo de expertos en distintas materias armados con un arsenal de artilugios tales como objetivos de visión nocturna, falsas rocas donde camuflar cámaras y toda la utilería habitual de los thrillers.
Y es que ahí no puede evitar caer. «The Cove» camina sin tropezarse por el hilo de la sensibilidad (el corazón en un puño varias veces) pero se contradice cuando juega al espectáculo trepidante (músicas de acción incluidas), y ahí su credibilidad, la que ofrecen unos protagonistas totalmente entregados a la causa, se pierde.
Supongo que si la cosa sirve para algo, si se pueden evitar imágenes tan terroríficas como la de la cala literalmente teñida de rojo, habrá valido la pena.
De todos modos, asumiendo que todo crimen medioambiental debe ser denunciado, «The Cove» no deja de ser otro vehículo de promoción para las asociaciones de turno y un eficaz aparato de tranquilización de conciencia para la masa social afligida.
Muy distinto es «Burma VJ«, el escalofriante relato en primera persona, cámara en mano, de la insostenible situación política de Birmania. Partiendo de las manifestaciones de 1988 en las que las cargas militares acabaron con la vida de 3.000 personas (la mayoría de ellas estudiantes), una serie de reporteros encubiertos denuncian para la DVB (o Democratic Voice of Burma) la terrible dictadura militar que tiene a las personas de a pie sumidas en la más estricta represión.
Se puede uno imaginar que con este punto de partida el resultado no puede dejar frío a nadie. Ni aun siendo la mayoría de imágenes tomadas con cámaras domésticas de una calidad obviamente limitadísima.
Esto es el triunfo del fondo sobre la forma, porque es tal la indignación que produce ver la brutalidad de los militares sobre activistas (y hasta ¡monjes!) manifestándose pacíficamente que al final da exactamente lo mismo que haya momentos que hay que «intuir» lo que pasa por la pantalla.
En cualquier caso, «Burma VJ» nos dice a grito pelado que 19 años después de aquellas cargas la situación no ha cambiado e incluso ha empeorado: secuestros y torturas a activistas amparadas por el gobierno, estallidos de violencia, creciente precariedad, asesinatos de prisioneros políticos por parte de militares, o la «desaparición» de los citados monjes son algunos ejemplos de esa terrible realidad. Una realidad reportada a tiempo real a occidente a través de estas mismas imágenes, mandadas clandestinamente (en una operación muy arriesgada para los implicados) a los grandes medios, que se hacían eco de la situación, pero no podían hacer demasiado por cambiar nada.
Y aun lo estéril que pueda resultar el documental, «Burma VJ» se hace necesario como denuncia, como grito de rabia y dolor del pueblo y como pequeño documento con el que completar un siniestro lienzo más grande, el de los gobiernos dictatoriales del sureste asiático.
Impresionante.
Y para terminar, una de tinglado político norteamericano, de conflicto social, de conspiranoia y de audaces Quijotes que luchan contra viento y marea por sacar a relucir verdades bigger than life.
Se nos cuenta en “The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers” la cruzada del Daniel Ellsberg del título por sacar a la luz ciertos papeles del Pentágono a los que tuvo acceso y que demostraban, allá por mediados de los 60, que la Guerra de Vietnam era, principalmente una gran patraña. Un montaje orquestado por el propio gobierno norteamericano, amparado por una sucesión de decisiones presidenciales que tuvo su punto álgido en aquel estimadísimo y honrado personaje llamado Richard Nixon.
La película se sustenata principalmente en testimonios del propio Ellsberg y de todos los que conformaron el entramado de la operación, desde periodistas hasta políticos, pasando por los allegados del propio Ellsberg, y en imágenes de archivo y clips de audio (conversaciones por teléfonos pinchados: mala hierba ese Nixon).
Y según nos cuenta el documental, el hombre puso en juego su carrera, enfrentándose a la prisión acusado de espionaje, conspiración y robo de documentos oficiales. Pero eso que se llevó por delante: destapó mentiras, turbios tejemanejes y diversas violaciones de los Acuerdos de Ginebra. Y de paso se solidarizó con el pueblo vietnamita y colaboró en tareas humanitarias.
Se agradece en todo esto la falta de sensacionalismo de garrafón en virtud de la rigurosidad que dan de por sí unos hechos lo suficientemente gordos. No en vano, el tipo puso en jaque la administración Nixon en un proceso que culminaría en el sonado «Caso Watergate» y lo hizo desde dentro del sistema: empezó su carrera como soldado y fue incluso empleado del propio Pentágono. Un arrepentido con ataque de remordimientos que, viendo la naturaleza de la bestia desde el interior de su mismo vientre decidió hacerle frente, con la ayuda de los audaces periodistas del New York Times y el Washington Post. ¿A alguien más le suena todo esto a “Todos los hombres del presidente”? Sí, esto va de Davids enfrentándose a Goliaths, y de hombres buenos persiguiendo un bien común desde las herramientas de comunicación de los años 70.
Nada que objetar. Es la historia de América, con sus contradicciones, sus claroscuros y sus pequeñas grandes historias. Como esta la de Daniel Ellsberg.
Un documento apasionante y necesario.

4 comentarios en “Oscars 2010: Minicríticas de los nominados a Mejor largometraje documental”

  1. Muy interesantes los análisis, gracias por ellos porque no todas las páginas se molestan en hacer reseñas de los documentales nominados. Es una pena que el de la HBO no hayais podido verlo porque la verdad que pinta muy bien y me gustaría saber vuestra opinion de él. Yo había oido hablar de él hace tiempo porque el español Alberto Iglesias participa en la banda sonora, creo que será parecida a la pelicula Sin nombre pero en plan documental. Espero poder verla tarde o temprano.
    Me ha llamado la atención Burma VJ, ¿resulta dificil de localizar? me parece bastante interesante el tema.
    Otra cosilla, ¿no es un poco raro que Food Inc esté nominado a los oscar de este año? creo que lleva mas de un año ya editado en DVD en estados unidos, lo sé porque recuerdo haberla descargado hace bastante tiempo aunque no he llegado a verla.

    Saludos

  2. ¡Gracias RH+! Y se te saluda ;)

    Sí es una pena lo de "Which Way Home", sí… pero ya digo que nos ha sido imposible de localizar.

    Si tenemos la suerte de que se estrene en cine (no lo creo, aunque "The Cove" ya tiene fecha, y en una sala de Barcelona me pareció ver el cartel de "Burma VJ") haremos un comentario con todas las de la ley.

    Si no quieres esperarte a ver si finalmente estrenan o no "Burma VJ" en cines, sí, es fácil de localizar. Sólo tienes que introducir el título en… bueno, en cierto programa que no me atrevo a citar, no sea que luego me busque líos legales ;)

    For the record, decir que a nosotros la distribuidora nos hizo llegar una copia -cough- ¬¬

    El tema "Food inc." sí es curioso, sí. De hecho me lleva a sospechar que hayan motivos ulteriores para nominarla saltándose a la torera las condiciones (eso de que lleve ya más de un año circulando)… y a ver si voy a terminar decantando mi voto de "The Cove" a esa otra…

    Veremos.

    ¡Gracias por comentar, por hacerlo con tanto criterio… y más saludos!

  3. yo vi the cove ayer y me parece que está super bien hecho! cómo te van metiendo en la historia poco a poco y como entrelazan y explican todos los daños colaterales, causas, etc. A parte claro, de que el fin del documental es destapar todo el chanchullo que tienen montao y lo han conseguido, con un par de huevos. Aunque la masacre de Taiji la siguen haciendo… a veces me da vergüenza ser un ser humano, de verdat. ñalksdjfalñkjdfaldsfkj

  4. Yo no la he visto, la verdad, pero me sumo a eso: qué vergüenza ser humano, a veces, sí. (y ya, qué de aportaciones tengo para el tema eh?)

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