quien engaño a roger rabbit

Quién engañó a Roger Rabbit

Gary K. Wolf, escritor y humorista americano, publicó en 1981 una novela que en el futuro estaría en el punto de mira, y no porque la fueran a francotirear, si es que esa palabra existe. Aproximadamente 30 años después yo me mudé de edificio y me topé con un grano en el culo bastante crecido con forma de vecino. Al principio se trataba de alguien que pasaba bastante desapercibido pero, a medida que ha ido pasando el tiempo, han nacido en mí unas irrefrenables ganas de aprender un curso a distancia para el manejo de un arma silenciosa capaz de terminar con mi problema. Llámenme asesino, pero las paciencias de la gente tienen un límite y la mía precisamente se ha mudado a otro barrio desde hace algún tiempo ya. Y yo sé que existe un lugar mejor, un lugar donde los vecinos no suponen un problema y puedes pedir con absoluta libertad un par de huevos y un bote de pimienta con derecho a devolución. De hecho, existe un lugar donde los vecinos se pasan la vida en guerra, pero de mentira, donde los bates de béisbol, las lluvias de pianos y el TNT son el día a día. Un lugar donde la corporación ACME parte el bacalao y no abarca la demanda a distribuir sus productos estrella de dos minutos de garantía. Pero todo desde el cariño. Un lugar llamado Dibuliwood donde, además, el sol canta mientras vas a trabajar.

Pero atendiendo a la rutina, empecemos por el principio. Walt Disney Pictures compró los derechos de “Who framed Roger Rabbit?” a Gary K. Wolf.

El por entonces presidente de la compañía, Ron W. Miller, vio en aquella una oportunidad única de producir una de esas cosas que la casa de Mickey Mouse llevaba una buena tanda de años sin oler. ¿Cómo se llama…? Ah sí, “taquillazo”.

Fue entonces cuando apostaron por la calidad contratando a Jeffrey Price y Peter S. Seaman para que se pusieran a dos manos, codo con codo, con el guión de la historia. Ellos habían sido los responsables de Misterio en Malta, una cinta de aventuras, humor y suspense, producido por la propia Disney y protagonizado por la loca esa de Margot Kidder, cuyo éxito en taquilla había sido un tremendo batacazo del calibre de un yunque en la cocorota del Coyote. Sé perfectamente lo que estáis pensando: ¡¡¡OMG, están locos estos americanos!!! ¿Cómo las cabezas pensantes de una poderosa empresa contratan a dos mamarrachos que han creado un truño para escribir lo que pretenden que sea un futuro megahit? Pero no se preocupen, amigos, que Cine y Bollycao siempre tiene un final feliz.

Las habladurías sobre el proyecto del conejo Roger comenzaron a rondar por aquellos estudios de California cuando un joven y desconocido Robert Zemeckis se ofreció a ponerse detrás de la cámara y hacerse cargo de las labores de dirección. Pero la Disney, que tiene gente lista que te cagas, de la que acierta los quesitos azules en el Trivial Pursuit, comenzó a indagar sobre él y descubrió que las dos primeras películas de Zemeckis, Locos por ellos y Frenos rotos, coches locos, habían sido un fiasco en taquilla y le dieron la espalda. Aquello tenía que ser algo grande con alguien grande. Pero eso también tenía un precio. Cuando los productores de Disney cogieron en una mano una calculadora de las gordas y en la otra uno de los dos borradores que aquellos mamarrachos habían escrito, comenzaron a hacer números. La cifra era tan grande que los ceros no cabían en la pantalla. El presupuesto se les había disparado hasta los 50 millones de dólares. Entonces Ron W. Miller arrugó el morro y, silbando El puente sobre el río Kwai, guardó aquel proyecto en la carpeta de “Ni de coña” y lo desterró a uno de los cofres rosa princesa de plástico que tenían llave con forma de corazón. Además se tragó la llave con un pastel de manzana para que nadie pudiera abrir aquel cofre rosa de princesa nunca más.

Pasaron cuatro años hasta 1985 y el puesto de presidente ejecutivo de Walt Disney Company fue a parar a los pies de Michael Eisner. Como nuevo miembro llegó con ilusiones, proyectos y nuevas ideas que forjar en la empresa. Una tarde, en un heroico acto de valentía, sopló el polvo de un cofre rosa de princesa que había en su despacho y, metiendo un abrecartas por la ranura, lo abrió. Encontró allí los borradores del guión de aquella película y le gustó tanto lo que leyó que se puso manos a la obra para hacer que viera la luz. Para ello contactó con una productora que comenzaba a hacer dinero estando detrás de llamativas historias, Amblin Entertainment. Al otro lado del teléfono se encontraban Steven Spielberg, Frank Marshall y Kathleen Kennedy quienes se percataron del filón que suponía la mezcla de humanos, acción, comedia, muertes y sexo (un poco) con dibujos de Disney.

Como Spielberg tenía una gran trayectoria de director después de Tiburón o E.T., fue tentado para dirigir la cinta, pero rechazó la propuesta ya que estaba a punto de ponerse rumbo a El imperio de sol, aunque dijo sí a ejercer como productor ejecutivo, firmando un contrato donde tendría un alto control creativo aparte de unos enormes porcentajes sobre los beneficios de taquilla. A partir de ese momento Spielberg empezó a mover hilos para convencer a los de Warner Bros. y Universal Studios, entre otros, de que le prestaran a sus más famosas celebrities. Esto es Bugs Bunny, Lucas, Coyote, el pájaro loco, el pingüino Chilly Willy y una larga lista de personalidades de tan especial gremio. Los directivos de Warner accedieron con la condición de que tanto su conejo como su pato tuvieran el mismo protagonismo y minutos en pantalla que el ratón y el pato de la competencia. Steven lo comprendió, se tocó la barba y accedió. Donde sí se encontró con una negativa fue ante los dueños de Popeye o Tom y Jerry, quienes no vieron nada de positivo en ceder los derechos de sus personajes. Animalitos…

Mientras tanto Disney se encargó de buscar a alguien apto para dirigir la película. Tal oportunidad fue brindada a Terry Gilliam, ya ex miembro del grupo cómico Monty Python, quien alegó que encontraba el reto demasiado complicado técnicamente hablando. Años después declaró haberse negado por pura pereza y lamentaba haber tomado esa decisión. Un poco tarde amigo Gilliam, pues detrás de él llegó el turno de un viejo conocido por aquellos lares. Se trataba de Robert Zemeckis que se encontraba en pleno apogeo mediático después de haber reventado las taquillas mundiales con Tras el corazón verde y, sobre todo, Regreso al futuro. Ahora sí era válido para ponerse tras la cámara. Lo que son los business de esta industria…

Pero si Bob se iba a encargar de dirigir al controlable grupo de humanos, alguien tenía que hacer lo propio con el descerebrado grupo de dibus. Con una larga trayectoria como animador de la época dorada de la Disney durante los años 40, Richard Williams entró a formar parte del equipo.

Con Spielberg, Zemeckis y Williams contratados, el dúo de tristes que años atrás habían escrito los borradores fueron nuevamente llamados para terminar el guión definitivo. Una vez todo esto, el presupuesto ya había descendido hasta los 29.9 millones de dólares y fue cuando se dio luz verde al proyecto.

Los guionistas comenzaron a repasar los dibujos de Tex Avery junto con los cortos que la Disney y la Warner habían parido durante aquella mencionada edad de oro en la animación americana, buscando influencias donde potenciar la redacción. Además Chinatown, de Polansky, sirvió como inspiración en el hilo argumental de la película pero, sobre todo, se apoyaron en el escándalo de la conspiración real realizada por la General Motors, Chevron Corp. y Firestone que crearon la National City Lines, un holding con el que comprar y destruir la compañía de tranvías de ciudades como Los Angeles entre los años 30 y 40.

A la hora de decidir el casting humano el director había pensado originalmente en Eddie Murphy para interpretar el papel de Eddie Valiant, pero a los productores no les gustó la idea. Entonces fue ofrecido a Clint Eastwood, y fue a él a quien no le gustó la idea. Bob Hoskins, que ya gozaba de una consolidada y dilatada carrera, se quedó finalmente el rol principal. Para acompañarle en pantalla se contó con Christopher Lloyd, señor de confianza de Zemeckis por su Doc Brown, y Joanna Cassidy. Para los personajes animados el equipo de casting escogió las voces de Charles Fleischer y Kathleen Turner como Roger Rabbit y Jessica Rabbit, además de los experimentados Mel Blanc, Frank Welker y Wayne Allwine.

El director de animación, Richard Williams, admitió abiertamente sentir desprecio hacia la burocracia de Disney y rehusó trabajar en Los Angeles. Así la producción se movió hacia Hertfordshire, Inglaterra, y el presupuesto comenzó su irrefrenable e inevitable escala. Al llegar a la cifra de 40 millones, Michael Eisner se rajó un poco y pidió que parasen la producción. Pero Jeffrey Katzenberg, responsable por entonces de la división cinematográfica de Disney, le alentó a seguir por el entusiasmo que le suscitaba la colaboración con Spielberg. De allí surgió una bonita amistad que dio sus frutos años más tarde con el nacimiento de la pequeña Dreamworks.

El rodaje comenzó el 5 de diciembre de 1986 en Elstree Studios. Durante 7 meses y medio, el equipo lidió con muñecos de goma que representaban a los dibujos, marionetistas, brazos robóticos y otra clase de trucos para hacer posible el milagro de la interacción entre los distintos protagonistas. Además se construyó una nueva cámara de fibra de vidrio y se utilizaron diferentes tipos de película según la secuencia. La post-producción tomó un año más en la ILM de George Lucas, donde los técnicos se encargaron de hacer irónicamente más real el mundo animado aplicando tres capas diferentes que constaban de sombras, iluminación y tonos mate. Así se consiguió la tridimensionalidad que buscaban otorgando a los personajes la ilusión de que eran afectados por las luces del set de rodaje.

Con 70 millones de dólares ya gastados y Eisner sufriendo con la gota de sudor en la frente, Quién engañó a Roger Rabbit asomó el hocico el 24 de junio de 1988 en 1045 cines estadounidenses, abriendo el fin de semana con casi 11 millones y medio de recaudación. Una buena acogida y un respiro para los productores quienes habían decidido quitarle la interrogación al título haciendo referencia a la superstición que existe sobre que las películas que incluían ese signo de puntuación fracasaban en taquilla.

Quién engañó a Roger Rabbit se sitúa en el Hollywood de 1947, donde Eddie Valiant, un detective de poca monta, ha sido contratado para encontrar pruebas que demuestren que Marvin Acme, magnate del negocio de los artículos de broma y dueño de Dibuliwood, está rondando a Jessica Rabbit, mujer fatal y esposa de la superestrella de Maroon Cartoon, Roger Rabbit. Cuando Acme aparece asesinado, todas las pruebas apuntan a Roger, y el siniestro y ambicioso Juez Doom está decidido a condenarlo como sea. Roger suplica a Valiant que le ayude a encontrar al verdadero culpable, pero el asunto se irá complicando a medida que Eddie va descubriendo, escándalo tras escándalo, que la propia existencia de Dibuliwood corre peligro.

La idea de juntar personajes de dos mundos tan opuestos como el real y el bidimensional de lápiz nunca había dado tan buen resultado hasta esta película. Desde la deslumbrante animación y los efectos visuales hasta las interpretaciones de los actores de carne y hueso, todo está aquí desmadrado a propósito de hacer sentir cómodo a cualquier aficionado al universo de estos lunáticos personajes. Un universo fácilmente reconocible por cada elemento en pantalla. Con un guión, para sorpresa de muchos, bien estructurado la cinta envuelve y engancha niños y mayores a partes iguales. Si bien es cierto que la enrevesada trama de cine noir hace perder la atención de la muchachada, el gran trabajo de edición hace que el conejo protagonista no tarde mucho en salir de nuevo a escena y nutra con payasadas los planos donde aparece, volviendo a captar todas las miradas.

Pero este no es uno de esos productos donde priman las buenas intenciones, no se equivoquen. Las infidelidades, los celos, el crimen y el suspense campan a sus anchas en ocasiones con un especial traje de camuflaje y en otras simplemente guiñando un ojo a cualquiera dispuesto a cazar la tramposa señal. Punto a destacar el de la desbordante pechonalidad de Jessica, mujer del conejo mindundi, que se come la pantalla (porque no le permiten otra cosa) allá donde se deja ver y hace salivar cualquier boca hasta el punto de plantearse si sería lícita una erección ante tal cine. Ya lo ven, amigos, nada de infantilismos por más que los cuervos de Dumbo quieran mandarnos de una patada en el culo a la niñez. La historia del conejo Roger supone una orgásmica montaña rusa para todos los públicos, sí, pero sobre todo para los sentidos.

Por el camino a la gran pantalla quedaron varias ideas como que las comadrejas fueran siete en un claro homenaje a los enanitos, de hecho los nombres de ellas son versiones satirizadas de los de aquellos, o que el personaje de Christopher Lloyd llevase en su hombro un cuervo animado y un maletín con 12 canguros pero se desecharon por razones de presupuesto y complicaciones técnicas. Otras ideas fueron geniales como que el Juez Doom había sido el asesino de la madre de Bambi, aunque esto fue eliminado del guión por petición de la propia Disney. Malditos puritanos de los coj… Una de de las escenas que mayor reto supuso a los técnicos fue la primera aparición de Jessica en el club nocturno enfundada en un flamante traje con destellos. Para tal efecto se usó filmando la luz que se filtraba a través de una bolsa de plástico que previamente había sido rasgada con lana metalizada. Todo un logro al alcance de cualquier usuario del Mercadona.

La crítica especializada acogió de buena gana la cinta y alabaron el resultado con elogios haciendo que el público acudiera en masa a los cines. Recaudó un total de casi 150 millones de dólares a los que hubo que sumarle el pico conseguido por la venta del formato doméstico y el montón de merchandising del cual Disney poseía los derechos. Se hizo de todo para publicitar la película. Videojuegos, camisetas, peluches, incluso una atracción en Disneyland. Además Roger y Jessica firmaron un contrato para anunciar Coca Cola Light. Para lo único que no se dio permiso fue el diseño de una muñeca hinchable con el cuerpo de ella. Se rumorea que algunas personas aún escuchan llorar a Nacho Vidal algunas noches. La peli ganó 3 Oscars al mejor montaje, sonido y efectos visuales y uno de reconocimiento a Richard Williams además de varios premios y nominaciones más.

Años después, el creador de la novela demandó a Disney por el típico tema de derechos y beneficios y fue indemnizado.

Bob Hoskins comentó tras el estreno que no volvería a participar en una película de tal calibre ya que el conejo era un chupacámaras y que había que ser un dibujo animado para actuar en una película donde los muros se traspasan y él ya era mayor para eso. Recientemente, ante una posible inminente y tardía secuela, ha declarado que si se hace, vuelvan a contar con él puesto que ya es muy mayor y no hay nada más cómico y parecido a un dibujo animado que un señor mayor.

Personalmente creo que miente. Echa de menos vivir en Dibuliwood, un sitio al que probablemente me mude no tardando demasiado. Recuerden, ya les dije que nunca me buscaran en el Caribe.

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7 comentarios
  1. SavemeBarry Dice:

    Gran articulo, me encanta conocer todo el proceso de estas peliculas, y sus entresijos. Esta la vi de bastante joven, apenas la recuerdo, pero nunca olvidare a Jessica Rabit (no recordaba semejante pechonalidad) y el cierto aroma a cine negro o noir que desprendia la pelicula…era muy absorvente. Otra para apuntar a la lista de pelis a recordar.

    Bravo, Zack.

  2. Zack™ Dice:

    NonononononoNO, Barry!!! No has entendido nada! Las pelis de la sección no son para recordar. Hay que ir viéndolas semanalmente y al finalizar la sección en unos meses se os hará una prueba de conocimientos. Los que superen el test con éxito serán recompensados con un romántico fin de semana conmigo en Cuenca viendo cine de Mariano Ozores y los que fallen más de dos preguntas serán crudamente castigados por las zorras de Spaulding y Blutarsky. Me refiero a las zorras que tienen en una granja, a las que alimentan con restos humanos como uñas y piel de la que se te pela en la espalda cuando pasas los veranos en Gandía.
    Eso sí, gracias miles por seguir la sección!!!

  3. Zack™ Dice:

    No me hagas mucho caso, no sé si será por el influjo de la larga sombra de una teta de Jessica pero me he visto los dos juntos en Cuenca. Nada hard, yo soy puro amor achuchable, como un Furby. Y borracho digo las mismas frases.

    Eso sí, el vino es de La Casa, peleón de cojones. No sé si ayudaría a relajar tensiones o a liarnos a hostias.

  4. admin Dice:

    Otra de mis prefes. Sabrosísimo bolly. Flipé cuando la ví en el cine. Cómo bien dices, la primera vez que la mezcla dibus + real funcionaba perfectamente.

    Yo no sabía un montón de cosas que me ha encantado aprender pero me ha hecho especial gracia esto: "(…)habían decidido quitarle la interrogación al título haciendo referencia a la superstición que existe sobre que las películas que incluían ese signo de puntuación fracasaban en taquilla."No tenía ni idea pero contesta a mi pregunta cien veces autoformulada de por qué en los USA le quitan el interrogante a los títulos-pregunta. Ya les vale. Voy a pensar si funciona (con ? final = peli fracaso $)…. Tardaré un rato.

  5. admin Dice:

    Ah! me olvidé: nos lucharemos como 3 jabatas por esa cena en Cuenca. Para nosotras, mucho más deseable que la fiesta postOscars de George Clooney (mñmñmm… me he pasado y no me gusta mentir). Bueno, la verdad es que prefiero con Zack en Cuenca que sin Zack en Beverly Hills, eso sí; lo suyo sería todo junto: Zack, Beverly Hills y fiesta postOscar(gómez) de Clooney… Masters, enviadnos de reporters caseros con todos los gastos pagados!!

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