un pez llamado wanda

Un pez llamado Wanda

A menudo te miran raro cuando a la pregunta “¿eres más de carne o de pescado?”, respondes con un “de pescado” como sonoro portazo. Y aquello no tiene absolutamente ninguna referencia sexual, qué va. Por mucho que se empeñen ciertos sectores en catalogar los órganos sexuales con una u otra cosa, lo cierto es que el resto del mundo, el normal, no va por esos derroteros. Entonces, ¿qué hay en contra de los atunes? ¿qué es lo que han hecho mal en la vida las merluzas? ¿por qué los salmonetes llegan a casa sin cabeza?

Así que a la par que resuelvo todas esas cuestiones filosóficas, pienso que mientras el 75% de la población mundial probablemente prefiera las patorras de un buen pavo (ejem), el otro 25 restante siente cierta atracción por unos boquerones en vinagre. Quizá sea porque se comen cómodamente, o quizá porque tienen esa mirada históricamente egipcia, así de lado, que atrae lo suyo. Sea como sea, algunos peces saben muy bien. Es el caso de Un pez llamado Wanda, la película que revolucionó la taquilla norteamericana allá por 1988, aunque el principio es el principio.

Corría el año 1982 cuando John Cleese, orgulloso miembro del grupo cómico británico Monty Python, tenía una idea para una película. En ella se contaría cómo un grupo de ladrones se ve envuelto en una trama de malentendidos, traiciones y muertes.

Ante tal ferviente idea contactó con Charles Crichton, un señor inglés multiusos que alardeaba haber sido montador de cine antes de que Hitler subiese al poder. Crichton era conocido por sus comedias de los Ealing Studios, una productora que reclama ser el estudio fílmico más antiguo del mundo. Películas como Hue and Cry, que gozó de gran popularidad, u Oro en barras que incluso ganó el Oscar al mejor guión en 1953 además de otros premios, otorgaron al director el suficiente reconocimiento para ponerse tras la loca idea de Cleese, pese a que el actor llevaba una década queriendo trabajar con él.

Pasaron años, entre colaboraciones de documentales juntos, lumbalgias e ideas para el proyecto, pero no fue hasta 1987 que, una vez superadas todas las vicisitudes y encontrar los dichosos huecos de agenda, que ambos se reunieron en Francia y, sentados en el borde de una piscina, comenzaron a inventarse la historia, mientras disfrutaban de un café y unos croissants del Carrefour.

Una vez concluidas las reuniones, llegó el momento de hacerse con una buena productora que les soltase los cuartos para financiar la cinta y MGM accedió encantada. Se trataba de una película de bajo presupuesto y en eso estaban curtidos tanto Cleese como Crichton. Con tan sólo 7 millones y medio de dólares el león de la Metro dio un rugido para la luz verde.

John Cleese se puso manos a la obra a escribir algunos diálogos para los personajes. Él ya sabía desde el principio que se iba a agenciar el papel del abogado protagonista de la trama, Archie Leach, un guiño no captado por muchos al nombre real de Cary Grant.

También contó con que su buen amigo y ex compañero de la época Monty Python, Michael Palin, se metería en la piel de un atracador tartamudo que, en realidad, era un defensor a ultranza de los animales como contrapunto a su cuestionable trabajo. Y además de él mismo y Palin, quería a Kevin Kline para el otro pintoresco personaje de la historia, un pirado adorador de Nietzsche con complejo de inferioridad. Kline era otro viejo conocido puesto que ya había coincidido con él unos años atrás en Silverado y sabía la clase de actor con potencial que era.

Pero la sorpresa le llegó en forma de tarde de cine con su hija. Tan solo con ver Entre pillos anda el juego, le bastó para que Cleese encontrase a quien sería la protagonista femenina que buscaba para su historia, Jamie Lee Curtis. John no había visto ni una sola película de terror por las que Curtis era sobradamente conocida, pero quedó prendado de ella al instante. Así que lo que en un principio se concibió como la típica ladrona inglesa, se transformó en la típica ladrona americana. Por eso en muchos círculos sociales se comenta que Jamie Lee Curtis fue una adelantada a su época. Winona Ryder fue una simple imitadora unos años después.

La llamada desde Europa hasta Estados Unidos no se hizo esperar. Cleese contactó con Curtis para ofrecerle el papel con la advertencia de que su personaje incluía un desnudo. En un alarde de ironía, ella le contestó que quien debería desnudarse sería él mismo, puesto que sería mucho más divertido. Primera sugerencia de guión. Contratada.

Con prácticamente todo el reparto fichado y el guión escrito, sólo quedaba repartir los tres personajes restantes que conformarían el elenco de secundarios. Así se optó por Tom Georgeson, el que sería cerebro de la banda que curiosamente es quien menos protagonismo tiene y al que llamaron George Thomason con un ingenioso juego de palabras a lo Scrabble.

Maria Aitken, amiga del propio Cleese, interpretaría a la estirada esposa del abogado mientras que el papel de su hija en la ficción se lo tenía reservado a alguien muy especial, su propia hija, Cynthia Cleese.

Las cosas aún siguieron tomándose con calma y a la par que Cleese seguía escribiendo tranquilamente, los actores al otro lado del charco le enviaban sugerencias mediante fax y llamadas telefónicas a cualquier hora del día. Jamie Lee Curtis inventó buena parte de sus diálogos a petición de Cleese, puesto que él no tenía los suficientes conocimientos en jerga yanki ni tenía amigas negras chungas. En total trece fueron las personas que colaboraron en confeccionar el guión de la historia.

El rodaje no fue en absoluto complicado de no ser por la mala leche que se gastaba Charles Crichton. El viejo, que según palabras textuales de los actores tenía una mandíbula inferior que cobraba vida por sí misma, acostumbraba a gritar y a sacar su furia durante los ensayos y las grabaciones, lo que costó más de un disgusto a algunos miembros y miembras del reparto. 52 días después del primer claquetazo se dio por concluido el trabajo y la emoción embargaba a Cleese. Dos años antes había pinchado estrepitósamente en USA cuando exhibió Clockwise. Pero ahora tenía actores yankis y esta era la oportunidad con tal reclamo. Aun así se actuó con cautela.

Un pez llamado Wanda se estrenó el 15 de julio de 1988 en tan solo 2 cines neoyorkinos y uno de Los Ángeles. Logró recaudar 115.418 dólares. Pero fue entonces cuando entró en escena una de las más poderosas y determinantes publicidades que han existido, existen y existirán en el mundo, pese a ser la más arcaica y/o prehistórica, “el boca a boca”. La película volvió a hacer un estreno a lo grande el 5 de agosto en 616 pantallas y ese fin de semana se embuchó 4.801.140, casi cinco millones de dólares, alcanzando el puesto número 5 en el ranking de lo más visto. ¿Contentos? NO.

2 semanas después multiplicó hasta 1223 el número de salas donde se proyectaba y 3 semanas más tarde consiguió llegar al puesto número 1 de espectadores, con un total de recaudación de más de 45 millones de dólares. Algo tenía que estar sucediendo en las salas para que se comente que el otorrinolaringólogo danés Ole Bentzen muriese viendo la película. ¿Un ataque al corazón provocado por las carcajadas? Pues es acojonante, pero es que aquello tenía miga.

Un cuarteto de atracadores ejecuta con éxito un gran golpe en la joyería Hatton Gardens de Londres. Tan sólo George, el jefe de la banda, sabe dónde están escondidas las joyas, pero ha sido encarcelado. Wanda, la única mujer del grupo, planea seducir a Archie, el abogado defensor de George, con la esperanza de sonsacarle el escondite del botín. Los otros miembros de la banda, Otto, un siniestro psicópata admirador de Nietzsche, y Ken, un tartamudo aficionado a los peces exóticos, se encargarán de ayudar a Wanda y de liquidar a la única testigo del robo respectivamente.

Es increíble cómo 25 años pueden pasarle factura seriamente a algunas producciones. Pero no es el caso de Un pez llamado Wanda, porque hoy por hoy sigue manteniéndose fresca y conservando a buen recaudo todo el humor que contenía desde su inicio. Desde los desternillantes personajes, hasta las desternillantes situaciones, pasando por sus desternillantes diálogos. Todo sigue siendo un referente sinónimo de calidad, de comedia bien hecha, de las que se cuecen a fuego lento, sin prisa.

Y es que resulta complicado destacar un sólo apartado de la cinta. Unos actores sumamente bien dirigidos, cómicamente icónicos y exagerados en sus roles. Tanto las payasadas de Kline como los gestos de Cleese, nada queda fuera de lugar. Michael Palin se cose a la perfección su traje de tartamudo. Aunque nada es casual, puesto que su padre realmente era tartamudo, y pasa de ser uno de los malos a un pobrecito por el que sentir lástima incluso cuando intenta cometer los más terribles actos. Todo gracias a un maravillosamente escrito guión.

Y Jamie, ay Jamie… ella siempre está espléndida pero aquí se mueve como pez en el agua con un personaje que se calza a la perfección y que pone la nota irónica, mentirosa y bastarda al conjunto de estos granujas de medio pelo. Todo encaja a la perfección.

Mencionar cabe el estilo de dirección por el que optó Crichton, en parte sugestionado por el propio John Cleese. Como auténticos fans del teatro de farsa y la comedia teatral de enredo, la cámara está perfectamente colocada para visualizar la escena principal mientras que están sucediendo otras cosas importantes también en esa misma escena. Se economizó hasta el último centavo usando planos relativamente largos y con pocos cortes y el resultado se logró con una efectividad pasmosa. Algo que en la Academia de cine no pasaron de largo y premiaron al director con una nominación al Oscar a mejor director. Con 77 años recién cumplidos y el mérito agradecido, Charles Crichton dijo que no a dos proyectos y se marchó a Escocia con su mujer a disfrutar de lo que le quedaba de vida, donde se compró una casa a la que llamó “Quejas” y se pasó el tiempo pescando truchas, su gran pasión en la vida. Después de dar por culo, con perdón.Criaturas Feroces, que pese a tener menos éxito que ésta que hoy nos ocupa, logró satisfacer las peticiones de muchos que quisieron ver cómo continuaba la historia de Wanda.

Así que ya saben, tanto si son de carne con opción a pescado, como si son absolutamente piscívoros con doble de queso, no dejen de hincarle el diente a este exótico ejemplar. Eso sí, pidan cita y pasen antes un examen médico que determine el estado de su corazón. No vayamos a tener más disgustos.

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6 comentarios
  1. admin Dice:

    Uff, al fin pensaba que esta semana no merendábamos…
    Bueno, gracias como siempre, peli superpreferida, muy muy divertida, tanto, que una vez más me entran ganas de volverla a ver. A partir de esta peli es imposible no amr a J.L.Curtis hasta la eternidad (siempre se me ha hecho raro y a la vez lógico que sea hija de Toni Curtis, incoherencias mías…). Otra en que me encanta es "Mentiras arriesgadas" con el Swarzy. Grandísima cómica. Y de los Python nada se puede decir que no se haya dicho ya: brit gloria bendita. Creo que ya dije un día que la peli donde más flipo con Robert de Niro es en "Brazil" y mira que sale poco, pero yo me muero de risa con él. Le cogí más cariño y respeto a partir de este papel.

    Y no sabía que la hija era la hija del Cleese, jeje. me fijaré cuando la revea.

  2. Zack™ Dice:

    Me alegra que os guste la película. Es de esas comedias que no sólo no abusan de lo soez ni el chiste fácil, sino que además no toma al espectador por imbécil. Y eso es de agradecer.

    SSR, claro que seguimos con la merienda semanal, no te preocupes, a menos que me ofrezcan un contrato mejor en el Lidl.

    Nita, de esa forma me rei yo más o menos cuando te vi con los pantalones de cuero… ah no, que nos lo tuvimos que imaginar…

  3. Leviatán Dice:

    Gran pelicula. Enhorabuena Zack, por la sección y por haber escogido esta pelicula. Es agradable volver a recordar estas peliculas y tú nos motivas para volver a verlas. No suelo aparecer para comentar nada, pero somos muchos los que seguimos esta pagina. Dale duro. Gracias

  4. Zack™ Dice:

    Gracias por el comentario Leviatán y de nada por esas gracias.
    Son vuestros halagos los que hacen que la sección siga adelante y… nah, Spaulding y Blutarsky usan bien sus cartas de la tortura. Es lo malo de los siniestros.

  5. Anónimo Dice:

    cartas de la tortura? yo creí que te gustaba que te fuera rasgando los párpados con el Joker que llevo en mi monedero… haberlodichohombre…

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