Reseña de El arte de volar, de Antonio Altarriba y Kim (Astiberri)
El arte de volar es una de las obras clave del cómic español de las últimas décadas. Antonio Altarriba y Kim reconstruyen la vida del padre del guionista, desde la ilusión republicana hasta la posguerra más amarga, y lo hacen con una honestidad que duele. Editada por Astiberri, es una obra que convierte la memoria familiar en historia colectiva.
Una vida atravesada por la historia
El cómic arranca con la decisión de un anciano de quitarse la vida y retrocede para explicar el camino que lo llevó hasta ahí. Ese gesto inicial funciona como detonante de un relato que recorre varias décadas del siglo XX.

La narración no se limita a la biografía: utiliza una vida concreta para hablar de una generación entera. El resultado es un relato que se lee como historia y como testimonio al mismo tiempo.
Guion y dibujo: una colaboración decisiva
El guion de Altarriba es preciso y emocional sin caer en el sentimentalismo. Trabaja con saltos temporales y voces narrativas que ordenan la complejidad del material de origen.
El dibujo de Kim aporta el contrapunto exacto: un trazo expresivo y sombrío que envuelve las escenas más duras en una luz melancólica. La colaboración entre ambos es uno de los grandes aciertos de la obra.
Memoria histórica y autoficción
El cómic se inscribe en la corriente de recuperación de la memoria histórica, pero lo hace desde un lugar personal, casi íntimo. No hay afán de epopeya: hay voluntad de entender.
La mezcla de realidad y reconstrucción emocional es uno de sus grandes logros. El lector percibe que está ante algo verdadero, aunque el autor reconozca que toda memoria es selectiva.
Estructura y tono
La obra alterna secuencias del pasado con reflexiones desde el presente. Ese vaivén evita que el relato se vuelva lineal y mantiene la tensión emocional.
El tono es grave, pero hay lugar para el afecto, el humor y la ternura. Esa variedad impide que la lectura se convierta en un puro ejercicio de sufrimiento.
Nuestra lectura
El arte de volar es una obra mayor que merece el lugar que ocupa en la historia del cómic español. Combina la ambición histórica con el detalle íntimo y sale airosa.
Es una lectura exigente y recompensada. Conviene abordarla con tiempo y con la disposición de escuchar una historia difícil y necesaria.
Muy recomendable para lectores de novela gráfica de memoria histórica y para quienes valoren el cómic como herramienta para contar el pasado.
Para leerla con atención
- Se basa en la memoria de una vida real: es testimonio además de ficción.
- Alterna pasado y presente como estructura.
- El dibujo es expresivo y sombrío, no realista.
- El tono grave convive con momentos de afecto y humor.
El cómic como documento
La obra demuestra que el cómic puede ser un vehículo tan válido como la novela o el documental para preservar la memoria. Su combinación de texto e imagen permite mostrar y explicar a la vez, algo que otros medios deben repartir entre dos lenguajes.
Ese potencial documental está aprovechado con inteligencia: los datos históricos se integran en escenas concretas y nunca interrumpen la narración. El lector aprende sin que nadie le dé una clase.
La dignidad del fracaso
La obra retrata a un hombre que se equivocó muchas veces y que sin embargo merece ser comprendido. Esa mirada compasiva hacia el fracaso es una de las cosas más difíciles de lograr en cualquier relato.
El cómic no convierte al protagonista en héroe ni en víctima. Lo muestra como una persona con contradicciones, y esa honestidad es precisamente lo que hace que su historia resulte conmovedora sin necesidad de dramatizarla.
Una obra que abre caminos
El arte de volar ha influido en buena parte del cómic español posterior, especialmente en las obras que abordan la memoria histórica desde lo familiar. Su ejemplo animó a otros autores a mirar hacia su propio pasado.
Ese papel de obra pionera merece reconocerse. Más allá de su calidad intrínseca, el libro demostró que había lectores para este tipo de cómic, y esa constatación amplió el terreno de todo el medio.
El dibujo que sostiene la memoria
El trazo de Kim no busca el lucimiento, sino la claridad emocional. Sus viñetas oscuras y expresivas envuelven las escenas más duras en una luz melancólica que acompaña el relato sin competir con él.
Esa sobriedad gráfica es lo que permite que el testimonio respire. Cuando el dibujo se contiene, el lector se concentra en lo que se cuenta, y el resultado es un cómic que conmueve por su verdad, no por su virtuosismo.
| Elemento | De qué trata | Qué observar |
|---|---|---|
| Base | La vida del padre del guionista | El paso de lo íntimo a lo colectivo |
| Colaboración | Guion de Altarriba, dibujo de Kim | La coherencia entre texto e imagen |
| Estructura | Saltos entre pasado y presente | La ordenación emocional del material |
| Tema | Memoria histórica | El equilibrio entre testimonio y ficción |
Una obra mayor del cómic español: memoria, historia y emoción en un trazo sombrío y preciso. Imprescindible.
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